miércoles, 11 de noviembre de 2009

DIALOGO ENTRE MAQUIAVELO Y MONTESQUIEU EN NICARAGUA

DIALOGO ENTRE MAQUIAVELO Y MONTESQUIEU EN NICARAGUA

Por Freddy Quezada

En memoria del profesor José “Chepe” Molina

Introducción

Cuando leí por primera vez “Diálogo entre Maquiavelo y Montesquieu en el Infierno”, de Maurice Joly, muerto por mano propia, pobre y derrotado, lo hice en el momento exacto en que el “Pacto” en Nicaragua se estaba reactivando en ocasión de las reformas constitucionales que, después, el Presidente Enrique Bolaños desconoció al amparo de la sentencia de la Corte Centroamericana de Justicia, que las declaraba improcedentes.

No lo podía creer. La batalla entre Maquiavelo y Montesquieu la estaba perdiendo éste último en el libro que leía, tanto como en la realidad de Nicaragua. Entonces decidí comentarlo y cambiar, en el título del trabajo, “infierno” por “Nicaragua”, conceptos, al fin y al cabo, francamente intercambiables y equivalentes.

Todo el secreto de este texto, prologado por el célebre filósofo francés Jean Francois Revel, que reclama su asiento en medio de las más grandes obras de la filosofía política universal, escrita por un anarquista, descansa en cómo Maquiavelo derrota a Montesquieu en su propio terreno, dentro de sus instituciones, en su lenguaje, con sus instrumentos y hasta con sus propias armas (Ver Cuadro No. 1).

El asunto se reduce a que el teórico de la separación de poderes, llama a respetar un conjunto de reglas que encierran profundos principios (de legitimidad, moral y derecho), para defenderse del poder, separándolo en partes; mientras el florentino, invita a romperlas (en el caso de las democracias sin que se note mucho), para precisamente obtener el poder que busca todo político. El juego se parece a un viejo aforismo célebre entre militares: un bueno soldado es aquel que se “libretea” y un buen oficial el que no lo deja o, uno menos conocido, favorito entre profesores severos como yo y el finado al que hoy honro su memoria: un buen alumno es el que sabe copiarse, pero un buen profesor es aquel que lo descubre.

Le debemos al marxismo la crítica más profunda de una democracia que el bautizó como“burguesa” y que ya nadie la llama por su apellido de casada. Pero lo hizo desde la economía y desde una ideología prometeica que él mismo, sin saberlo, compartía con ella. Incluso, en nuestra época, todavía circulan en el área, algunos ideólogos revolucionarios (personas descontentas que quieren hacerse comprar por nuevas oleadas de ingenuos), respondiendo a los fracasos de su doctrina con más sueños todavía (ahora se trata de revoluciones más radicales aún, como las culturales); a las situaciones más complejas, sin salidas, inciertas, caóticas y paradójicas, aconsejando más de lo mismo (mesianismos, luchas más decididas, vueltas a la mística, retornos a las éticas, regresos a los “auténticos” paradigmas, “esta vez sí”, etc.)

Ahora que la democracia se presenta de nuevo como soltera, sin apellidos matrimoniales, y regresan los viejos teóricos a repensar las virtudes de Locke y Montesquieu, aparece un movimiento crítico en su propio terreno: el poder. Y quién mejor que uno de sus más grandes teóricos para rivalizar con los vencedores: Maquiavelo

I. SOBRE EL LIBRO

El filósofo francés hace un buen resumen de toda la obra. Dice:

“Se trate de la destrucción de los partidos políticos y de las fuerzas colectivas, de quitar prácticamente al Parlamento la iniciativa con respecto a las leyes y transformar el acto legislativo en una homologación pura y simple, de politizar el papel económico y financiero del Estado a través de las grandes instituciones de crédito, de utilizar los controles fiscales, ya no para que reine la equidad fiscal sino para satisfacer venganzas partidarias e intimidar a los adversarios, de hacer y deshacer constituciones sometiéndolas en bloque al referéndum, sin tolerar que se las discuta en detalle, de exhumar viejas leyes represivas sobre la conservación del orden para aplicarlas en general fuera del contexto que les dio nacimiento (por ejemplo, una guerra extranjera terminada hace rato), de crear jurisdicciones excepcionales, cercenar la independencia de la magistratura, definir el “estado de emergencia”, fabricar diputados “incondicionales” (…) bloquear la ley financiera por el procedimiento de la “depresupuestación” (si el vocablo no existe, existe el hecho), promover una civilización policial, impedir a cualquier precio la aplicación del habeas corpus; nada de todo esto omite este manual del déspota moderno sobre el arte de transformar insensiblemente una república en un régimen autoritario o, de acuerdo con la feliz fórmula de Joly, sobre el arte de “desquiciar” las instituciones liberales sin abrogarlas expresamente. La operación supone contar con el apoyo popular y que el pueblo (lo repito por ser condición indispensable) esté subinformado; que, privado de información, tenga cada vez menos necesidad de ella, a medida que le vaya perdiendo el gusto.”

Por su parte, Maurice Joly, hace decir a Maquiavelo, algo que sintetiza sus intenciones contra Montesquieu. Manifiesta:

“Me propongo destruir, uno a uno, los diversos y bellos conceptos que habéis vertido, y demostrar que sin mis doctrinas las únicas dominantes en la actualidad, a pesar de las nuevas costumbres, a pesar de vuestros presuntos principios de derecho público, a pesar de las diversas instituciones que acabáis de describirme…”

Comienza presentando de un golpe, toda la idea de separación de poderes:

“Permitid que ante todo examine en sí misma la mecánica de vuestra política: tres poderes en equilibrio, cada uno en su compartimiento; uno dicta las leyes, otro las aplica, el tercero debe ejecutarlas. El príncipe reina y los ministros gobiernan. ¡Báscula constitucional maravillosa! Todo la habéis previsto, todo ordenado, salvo el movimiento: el triunfo de un sistema semejante anularía la acción; si el mecanismo funcionara con precisión, sobrevendría la inmovilidad; pero en verdad las cosas no ocurren de esa manera. En cualquier momento, la rotura de uno de los resortes, tan cuidadosamente fraguados por vos, provocaría el movimiento. ¿Creéis por ventura que los poderes se mantendrán por largo tiempo dentro de los límites constitucionales que le habéis asignado, que no los traspasarán? ¿Es concebible una legislatura independiente que no aspire a la soberanía? ¿O una magistratura que no se doblegue al capricho de la opinión pública? Y sobre todo ¿qué príncipe, soberano de un reino o mandatario de una república, aceptará sin reservas el papel pasivo a que lo habéis condenado: quién, en su fuero íntimo, no abrigará el secreto deseo de derrocar los poderes rivales que trabajan en acción? En realidad, habréis puesto en pugna todas las fuerzas antagónicas, suscitando todas las venturas, proporcionando armas a los diferentes partidos; dejáis librado el poder al asalto de cualquier ambición y convertís el Estado en campo de lucha de las facciones. En poco tiempo el desorden reinará por doquier; inagotables retóricos convertirán las asambleas deliberativas en torneos oratorios; periodistas audaces y desenfrenados libelistas atacarán diariamente al soberano en persona, desacreditarán al gobierno, a los ministros y a los altos funcionarios…”

FILOSOFIA POLITICA

Maquiavelo: “Mi único crimen fue decir la verdad a los pueblos como a los reyes; no la verdad moral, sino la verdad política; no la verdad como debería ser, sino como es, como será siempre. No soy yo el fundador de la doctrina cuya paternidad me atribuyen; es el corazón del hombre. ¿Quién en vuestro tiempo, me rindió un homenaje más clamoroso que Federico II? Pluma en la mano, me refutaba en interés de su popularidad, pero en política aplicaba rigurosamente mis doctrinas.

Mon: Cuando los pueblos cometan faltas, serán castigados como hombres que pecaran contra la ley moral.

Ma: En nuestros tiempos se trata no tanto de violentar a los hombres como de desarmarlos, menos de combatir sus pasiones políticas que de borrarlas, menos de combatir sus instintos que de burlarlos, no simplemente de proscribir sus ideas sino de trastocarlas, apropiándose de ellas. (…) Yo no destruyo nada; tan solo modifico e innovo.

Resumen de Montesquieu

Mon: os reserváis el derecho de deshacer lo que habéis hacho, de quitar lo que habéis dado, de modificar vuestra constitución, sea para bien o para mal, y hasta de hacerla desaparecer por completo si lo juzgáis necesario. No prejuzgo nada acerca de vuestras instituciones, ni de los móviles que en ciertas y determinadas circunstancias pudieran induciros a actuar; os pregunto tan solo qué garantía mínima, por frágil que ella fuese, podrían hallar los ciudadanos en medio de tan inmensa arbitrariedad y, sobre todo, cómo os imagináis que podrían resignarse a soportarla.

Ma: Seré, en este sentido, como Alejandro VI y el duque de Valentinois, de quienes se decía proverbialmente en la corte de Roma que el primero “jamás hacia lo que decía”, y el segundo “jamás decía lo que hacía”.

GOBIERNO

Ma: ¿Qué forma de gobierno creéis posible en una sociedad donde la corrupción se ha infiltrado por doquier, donde la riqueza se adquiere por las sorpresas del fraude, donde únicamente las leyes represivas pueden garantizar la moral y el mismo sentimiento patriótico se ha disuelto en no sé qué cosmopolitismo universal? El cesarismo del Bajo Imperio me parece la forma adecuada para el bienestar de las sociedades modernas. (…) no tendremos piedad con los facciosos. En los países constantemente turbados por las discordias civiles, la paz se consigue por actos de implacable rigor; si para asegurar la tranquilidad hace falta una cantidad de víctimas, las habrá. A continuación de ello, el aspecto del mandatario se torna tan impotente que ya nadie osará atentar contra su vida. Sila, después de haber cubierto a Italia con un baño de sangre, pudo retornar a Roma como simple particular y nadie le toco siquiera la raíz de un cabello.

Ma: Habrá toda suerte de elementos políticos, tocones de partidos otrora victoriosos, hoy vencidos, ambiciones desenfrenadas, ardientes codicias, odios implacables, terrores por doquier, hombres de las más diversas opiniones y de todas las doctrinas, restauradores de antiguos regímenes, demagogos, anarquistas, utopistas, todos manos a la obra, trabajando todos por igual, cada uno por su lado, para el derrocamiento del orden establecido. ¿Qué conclusiones debemos extraer de semejante situación? Dos cosas: la primera, que el país tiene una inmensa necesidad de reposo y que habrá de rehusar a quien pueda brindárselo; la segunda, que en medio de esta división de los partidos, no existe ninguna fuerza real o más bien solo existe una: el pueblo.

Ma: no destruiré directamente las instituciones, sino que les aplicaré, una a una, un golpe de gracia imperceptible que desquiciará su mecanismo. De este modo iré golpeando por turno la organización judicial, el sufragio, la prensas, la libertad individual, la enseñanza.

PRENSA

Ma: Aplico a todos los periódicos presentes o futuros medidas fiscales que frenarán en la medida necesaria las empresas de publicidad; someteré la prensa política a lo que hoy llamáis finanzas y timbres fiscales. Muy pronto la industria de la prensa resultará tan poco lucrativa, merced a la elevación de estos impuestos, que nadie se dedicará a ella sino cuando en realidad le convenga. Atacaré principalmente a los periódicos, en tanto que empresas de publicidad.

Ma: En los países parlamentarios, los gobiernos sucumben casi siempre por obra de la prensa; pues bien, vislumbro la posibilidad de neutralizar a la prensa por medio de la prensa misma. Puesto que el periodismo es una fuerza tan poderosa, ¿sabéis qué hará mi gobierno? Se hará periodista, será la encarnación del periodismo.

Ma: Como el Dios Vishnú, mi prensa tendrá cien brazos y dichos brazos se darán la mano con todos los matices de la opinión, cualquiera que sea ella, sobre la superficie entera del país. Se pertenecerá a mi partido sin saberlo. Quienes crean hablar su lengua hablarán la mía, quienes crean agitar su propio partido, agitarán el mío, quienes creyeran marchar bajo su propia bandera, estarán marchando bajo la mía.

Ma: puedo decir que dirijo a mi antojo la opinión en todas las cuestiones de política interior o exterior. Excito o adormezco el pro y el contra, lo verdadero y lo falso. Hago anunciar un hecho y lo hago desmentir, de acuerdo con las circunstancias; sondeo así el pensamiento público, recojo la impresión producida, ensayo combinaciones, proyectos, determinaciones súbitas, en suma lo que en Francia vosotros llamáis globos-sonda. Combato a mi capricho a mis enemigos sin comprometer jamás mi propio poder, pues, luego de haber hecho hablar a esos periódicos, puedo inflingirles, de ser necesario, el repudio más violento; solicito la opinión sobre ciertas resoluciones, la impulso o la refreno, mantengo siempre el dedo sobre sus pulsaciones, pues ella refleja, sin saberlo, mis impresiones personales, y se maravilla algunas veces de estar tan constantemente de acuerdo con su soberano. Se dice entonces que tengo fibra popular, que existe una secreta y misteriosa simpatía que me une al sentir de mi pueblo. (…) deseo que la mayor parte de los elogios parezcan ser el eco de publicaciones extranjeras, cuyos artículos, verdaderos o falsos, reproduciremos siempre que en ellos se rinda un homenaje brillante a mi política. Por lo demás sostendré en el extranjero periódicos a sueldo y su apoyo será tanto más eficaz, pues los haré aparecer con un tinte opositor sobre algunos aspectos intrascendentes.

Mon: La prensa ejerce en los Estados funciones semejantes a las de vigilancia: expresa las necesidades, traduce las quejas, denuncia los abusos y los actos arbitrarios; obliga a los depositarios del poder a la moralidad, bastándole para ello ponerlos en presencia de la opinión.

PARLAMENTO

Ma: yo dispondría de otros mil medios para neutralizar el poder de dichas asambleas. Reduciría a la mitad el número de los representantes, y tendría, entonces, una mitad menos de pasiones políticas para combatir. Me reservaría el nombramiento de los presidentes y vice-presidentes que dirigen las deliberaciones. No habría sesiones permanentes, pues restringiría a solo algunos meses las sesiones de la asamblea. Haría, sobre todo, algo de singular importancia, cuya práctica, según me han dicho, ya ha comenzado a imponerse: aboliría la gratuidad del mandato legislativo; haría que los diputados percibiesen un emolumento, que sus funciones fuesen, en cierto modo, asalariadas. Contemplo esta innovación como el medio más seguro de incorporar al poder los representantes de la nación; no creo necesario desarrollar este punto; la eficacia del la medida es perfectamente clara. Agrego que, como jefe del poder ejecutivo, tengo el derecho de convocar, de disolver el cuerpo legislativo, y que en caso de disolución, me reservaría los plazos más largos para convocar una nueva representación. No ignoro que la asamblea legislativa no podría, sin riesgos para mi, mantenerse independiente de mi poder; mas tranquilizaos: pronto hallaremos otros medios prácticos de vincularla a él.

Ma: tendré a mi disposición un número suficiente de hombres diestros en oratoria, capaces de hablar sin detenerse durante varias horas. Lo esencial es tener una mayoría compacta y un presidente digno de confianza. Para dirigir los debates y obtener el voto se requiere un arte muy singular. ¿Acaso necesitaré recurrir a los artificios de la estrategia parlamentaria? De cada veinte miembros de la Cámara, diecinueve serán adictos a mí. Y todos ellos votarán de acuerdo con una consigna; mientras tanto, yo mismo moveré los hilos de una oposición ficticia y clandestinamente sobornada; después de esto, que vengan a pronunciar elocuentes discursos: entrarán por los oídos de mis diputados como entra el viento por el ojo de una cerradura.

SISTEMA JUDICIAL

Ma: Por sobre las leyes primitivas haré promulgar una nueva legislación la cual, sin derogar expresamente la antigua, en un principio la disfrazará, para luego, muy pronto, borrarla por completo.

Ma: Si enumerase expresamente tales derechos, mi libertad de acción que daría encadenada a aquellos principios que hubiese declarado; esto es lo que no deseo. Al no nombrarlos, otorgo al parecer todos los derechos, y al mismo tiempo no otorgo ninguno en particular; esto me permitirá descartar, por vía de excepción, aquellos que juzgaré peligrosos.

Ma: Desde el momento en que nadie sino yo mismo puede presentar la ley, no tengo que temer que se haga ninguna contra mi poder. En mis manos están las llaves del Tabernáculo. Ya os dije, por lo demás, que entra en mis planes el permitir que las instituciones subsistan, en apariencia.

Mon: “La libertad es el derecho de hacer aquello que está permitido por las leyes.”

Ma: Encuentro justa esta definición y a ella me acomodo; y puedo aseguraros que mis leyes solo autorizarán lo que sea imprescindible permitir.

Ma: en materia política, en interés del orden, es imprescindible que los jueces estén siempre de parte del poder. Lo peor que podría acontecer sería que un soberano pudiese ser vulnerado por medio de sentencias: el país entero se aprovecharía de ellas al instante, para atacar al gobierno. ¿De qué serviría entonces haber impuesto silencio a la prensa, si ella tuviera la posibilidad de renacer en los juicios de los tribunales? (…) Cuando más próximo al poder se encuentra el juez, más le pertenece.

Ma: ¿Cómo se derroca a los gobiernos en nuestros días? Por medio de distinciones legales, de sutilezas de derecho constitucional, utilizando contra el poder todos los medios, todas las combinaciones que no están expresamente prohibidas por la ley. Y esos artificios del derecho, que con tanto encarnizamiento los partidos emplean contra el poder ¿no tendrá por ventura el derecho de utilizarlos contra los partidos? Empero sería una lucha desigual, ni siquiera les sería posible la resistencia; tendrían que abdicar.

Ma: Tomo mi punto de apoyo donde todos lo toman hoy en día, en el derecho.

Ma: El derecho que se hace obedecer siempre es el derecho del más fuerte; no conozco ninguna excepción a esta regla.

EJERCITO Y POLICIA

Ma: Huelga decir que el mantenimiento permanente de un ejército formidable, adiestrado sin cesar por medio de guerras exteriores, debe constituir el complemento indispensable de este sistema: es preciso lograr que en el Estado no haya más que proletarios, algunos millonarios, y soldados.

Ma: convertiré a la policía en una institución tan vasta, que en el corazón de mi reino la mitad de los hombres vigilará a la otra mitad.

Ma: Habrá tal vez conspiraciones verdaderas, no respondo de ello; pero habrá ciertamente conspiraciones simuladas. En determinadas circunstancias, pueden ser un excelente recurso para estimular la simpatía del pueblo a favor del príncipe, cuando su popularidad decrece. Las falsas conspiraciones, a las cuales, por supuesto, solo se debe recurrir con extrema mesura, tienen también otra ventaja: son ellas las que permiten descubrir las conspiraciones reales, al dar lugar a pesquisas que conducen a buscar por doquier el rastro de lo que se sospecha.

Ma: Para quienes han manejado el poder es, ay, un fenómeno asombroso la facilidad con la cual los hombres se convierten en delatores los unos de los otros. Más asombrosa aún es la facultad de observación y de análisis que se desarrolla en aquellos que toman por profesión la vigilancia política; no tenéis ni la más remota idea de sus artimañas, sus disimulos y sus instintos, de la pasión que ponen en sus indagaciones, de su paciencia, de su impenetrabilidad; hay hombres de todas las categorías sociales que ejercen este oficio, ¿cómo podría decirlo? Por una especie de amor al arte. Con el sistema que organizaré, estaré informado tan completamente, que hasta podré tolerar maquinaciones culpables, pues tendré en cada minuto del día el poder de paralizarlas.

IGLESIAS

Mon: Si reináis en una nación católica y tenéis al clero por enemigo, tarde o temprano pereceréis, aun cuando tuvierais de vuestra parte al pueblo entero.

Ma: No sé por qué os complacéis en convertir al sacerdote en apóstol de la libertad. Jamás he visto tal cosa, ni en los tiempos antiguos, ni en los modernos; siempre hallé en el sacerdocio un apoyo natural del poder absoluto.

Tened bien presente lo que voy a deciros: si en el interés de mi gobierno he debido hacer concesiones al espíritu democrático de mi época, si he tomado por base de mi poder el sufragio universal, y ello tan solo en virtud de un artificio dictado por los tiempos, ¿no puedo acaso reclamar el beneficio del derecho divino? (…) En este carácter, el clero debe, pues, sostenerme, pues mis principios de autoridad son también los suyos. Si a pesar de todo, se mostrase rebelde, si aprovechase de su influencia para llevar una guerra sorda contra mi gobierno... Podría provocar en el seno de la Iglesia un cisma que rompiera todos los vínculos que mantienen al clero unido a la corte de Roma, porque allí está el nudo gordiano. Haría hablar a mi prensa, a mis publicistas, a mis políticos en el siguiente lenguaje: “El cristianismo es independiente del catolicismo; lo que el catolicismo prohíbe, el cristianismo lo permite; la independencia del clero, su sumisión a la corte de Roma, son dogmas puramente católicos; semejante orden de cosas constituye una perpetua amenaza contra la seguridad del Estado. Los fieles del reino no deben tener por jefe espiritual a un príncipe extranjero; esto equivaldría a abandonar el orden interno al albedrío de una potencia que en cualquier momento puede ser hostil; esta jerarquía medieval, esta tutela de los pueblos niños no puede ya conciliarse con el genio viril de la civilización moderna, con sus luces y s independencia. ¿Por qué ir a Roma en busca de un director espiritual? ¿Por qué el jefe de la autoridad política no puede ser al mismo tiempo el jefe de la autoridad religiosa? ¿Por qué el soberano no puede ser pontífice?”.

PRESUPUESTO, PRESTAMOS, CREDITOS Y OTROS

Mon: La perfección del sistema financiero, en los tiempos modernos, descansa sobre dos bases fundamentales, el control y la publicidad. En ellas reside esencialmente la garantía de los contribuyentes. Un soberano no podría modificarlas sin decir indirectamente a sus súbditos: Vosotros tenéis el orden, y yo busco el desorden, quiero la oscuridad en la gestión de los fondos públicos; la necesito porque hay una multitud de gastos que deseo poder hacer sin vuestra aprobación, déficit que deseo ocultar, ingresos que necesito disimular o abultar a voluntad, de acuerdo con las circunstancias.

Ma: Os equivocáis y mucho si creéis que me aflige la perfección de los sistemas financieros que acabáis de describirme. Me regocijo con vos por la regularidad en la percepción de los impuestos, la integridad de la recaudación; me complace la exactitud de las cuentas, sí, me complace muy sinceramente. ¿Creéis que se trata de que el soberano mete las manos en los cofres del Estado, de que maneja los dineros públicos? Semejante lujo de precauciones es en verdad pueril. ¿Acaso el peligro es este? Tanto mejor, lo digo nuevamente, si los fondos se recaudan, se mueven y circulan con la precisión milagrosa que me habéis explicado. Es mi intención, precisamente,, utilizar para el esplendor de mi reinado todas esas maravillas de contabilidad, todas esas bellezas orgánicas de la materia financiera.

Ma: Soy como el gigante de no recuerdo qué cuento, a quien los pigmeos habían cargado de cadenas durante su sueño; y que al levantarse, las rompió sin darse cuenta. Al día siguiente de mi advenimiento, ni siquiera se planteará la cuestión de votar el presupuesto; lo decretaré en virtud de medidas extraordinarias, abriré dictatorialmente los créditos necesarios y los haré aprobar por mi consejo de Estado. Me habéis hablado de la votación del presupuesto, por dos leyes diferentes: considero desacertada esta medida. Una situación financiera puede verse mucho mejor cuando se vota al mismo tiempo el presupuesto de entradas y el de salidas. Mi gobierno es un gobierno laborioso; hay que evitar que el tiempo tan precioso de las deliberaciones públicas se pierda en discusiones inútiles. De ahora en adelante, el presupuesto de entradas y el de salidas estarán comprendidos en una sola ley.

El presupuesto es un marco, decís; sí, pero un marco elástico que se adapta a la medida de nuestros deseos. Y estaré siempre dentro de ese marco, jamás fuera.

Ma: Al amparo de la palabra extraordinario pueden encubrirse fácilmente ciertos gastos discutibles y determinados ingresos más o menos problemáticos. Supongamos que tengo, por ejemplo, 20 millones de gastos, a los cuales es preciso hacer frente con 20 millones de ingresos; registro en el haber una indemnización de guerra de 20 millones, no cobrada aún, pero que lo será más tarde, o de lo contrario un aumento de 20 millones en el producto de los impuestos, que recaudará al año siguiente. Esto en cuanto a las entradas; no multiplico los ejemplos. Con respecto a los gastos, se puede recurrir al procedimiento contrario: en lugar de agregar, se deduce. De este modo se separarán, por ejemplo, del presupuesto de gastos, los correspondientes a la percepción de los impuestos.


II. SOBRE NICARAGUA

MUNDOS DE PODERES REALES EN NICARAGUA

NIVEL

ACTOR

DISPOSITIVOS DE PODER

SUPERMUNDO

IFIS, EEUU, UE, ONU, OEA, CENTROAMERICA, TAIWAN

CAMBIOS EN ONU, OEA, ALGUNAS IFIS, PROCLAMAS REGIONALES DE RESPALDO O CENSURA, DIPLOMACIA, AGENCIAS DE ESPIONAJES Y PROGRAMAS FINANCIEROS

PLUSMUNDO

EJECUTIVO (EJERCITO, POLICIA, MINISTERIOS, ENTES AUTONOMOS),

PRESUPUESTO, DGI, SISTEMA PENITENCIARIO, CONTRALORIAS, FISCALIAS, PROCURADURIAS EJERCICIOS Y MANIOBRAS MILITARES

CSJ,

SENTENCIAS, TRIBUNALES, CODIGOS PENALES

ELECTORAL,

LEY ELECTORAL, CEDULACION, REQUISITOS

ASAMBLEA (PARTIDOS MAYORITARIOS)

LEGISLACION, DESAFUEROS, INICIATIVAS DE LEYES

MUNDO

ONGS, PARTIDOS EXTRAPARLAMENTARIOS, IGLESIAS, UNIVERSIDADES, INTELECTUALES, GREMIOS, SINDICATOS, NOTABLES, MEDIOS DE COMUNICACIÓN, CAMARAS, ASOCIACIONES, CLASES SOCIALES, REGIONES AUTONOMAS.

MARCHAS, MOVILIZACIONES, PROTESTAS Y QUEJAS EN MEDIOS, PRONUNCIAMIENTOS, HUELGAS, SEPARATISMO, PAROS, ASONADAS, REVOLUCIONES

INFRAMUNDO

NARCOS, PANDILLAS, TRATANTES DE BLANCAS, MIGRANTES, MAFIAS, CONDENADOS, GUERRILLAS, TERRORISMO

SOBORNOS, CRIMENES, CHANTAJES, PRESIONES, AMENAZAS, MOTINES, ATENTADOS, REMESAS

Poderes formales del Estado

Fuera de control del Ejecutivo

EL SISTEMA Y YO

EL SISTEMA Y YO

Por Freddy Quezada

En una fiesta de disfraces, el sistema -- sabiendo todos que no tiene rostro -- es aquel que llega vestido de espejo. Tal atuendo nos hace sentir, al platicar con él, que estamos con nosotros mismos, incluso cuando le enseñamos el puño y le escondemos nuestros sueños. En este sentido, Matrix (el simulacro) es una vulgar máscara de Sphere (la seducción) ese pésimo film (con Dustin Hoffman, Sharon Stone y Samuel Jackson) que no se quiso maestro, acaso a propósito.

Sé que este título, recuerda a dos españoles que nada tuvieron que ver el uno con el otro, aunque ambos vivieron más o menos por la misma época. El autor de “Platero y yo” y el filósofo del “Yo y mis circunstancias”. El creador de un burrito dulce que acompaña siempre al protagonista en sus aventuras y el pensador preocupado por la conciencia y libertades del individuo frente a un marco correlativo que lo condiciona y desafía. Pero si les debo algo, fuera de la parentela del nombre, está en mi memoria y no sé si estas reflexiones los reencuentren en la pesadilla viscosa de las que les hablaré hoy.

Las circunstancias no pueden cambiar y uno quedar permanente. O cambian ambas o no cambia ninguna. O, paradojas de moda, al cambiar ambas no cambia ninguna, porque la conciencia, para existir, necesita que solo una no cambie para que la otra la mire, mida, explique, comprenda y controle. Pero esta es la ilusión que mueve todo. Es el burrito que se deja engañar por la zanahoria en la noria. Es como si Juan Ramón Jiménez se dejara engañar siempre por José Ortega y Gasset.

He perdido la nobleza inconsciente que tenía – inicio la pesadilla. Energía prisionera de otros fines, acaso más perversos. Ahora me poseen la furia de todos los sentimientos que apaciguaba, anulaba o desviaba, mi antigua ilusión. El sistema me traspasa porque es su modo de hacerse empujar; soy transparente, sin duda, porque así me desaparece. Saberlo es el precio que le rindo a un remordimiento infeliz y a una pequeña melancolía que no puedo tocar con el músculo.

La lucidez me cobra un tributo que no permite apartar mi rostro hacia otro lado. Verme en mí mismo, conjugado en una miseria que me supera, me recorta al lado de los otros y me prepara para condenarme con recursos antiguos. Tirado hacia todos lados, calculo y consumo.

Un cielo estomacal revuelve la mirada en la escoria donde se levanta un placer para masacrar mis refinamientos del período ilusorio. Me cercan redondeces y cavidades por todos lados, hasta los límites del tabú clásico. Me hago invisible en medio de la libertad de todos con mi maldito peinado a lo David Cassidy. Y tiranizan mis sentidos, las ambiciones más pequeñas y una desazón nueva que me abrasa en una mendicidad de “no” nocturnos que me temen o estiman mis cuentas para arrasarme.

Salgo de un circuito de protección a un sistema que se alimentaba despóticamente de mis combates. Una pureza rebajada a hacerse elegir siempre de lo peor, claudica. Ahora que ha elegido vivir dentro de él, lo alimenta más todavía. Se premia a sí misma sus nuevos vicios que empieza a sentirlos como aventuras en sus sienes.

Mentira de reos penitenciarios, no hay sistema que tenga la culpa. Es un recurso de gordas (“la belleza se lleva por dentro”) y de la cochina clase media que todo lo esconde debajo de la escritura, como hacen los gatos con la mierda. El sistema es un invento mío, recurso de poeta (“la paz más importante es la de un solo salvaje”) que no puedo remontarlo. Es el oasis para descansar un momento y deshacerme de las bajezas que deliciosamente descargo en los rostros más desagradables que me ha enseñado a desear Sade, el primer publicista del sistema.

¿Quién dice que una dignidad inventada por un lamento se recupera? Que nadie se haga el inocente en este escenario y que no nos haga equivaler con los imbéciles. Hay que eliminar a los rivales que hay en uno, sin asco. Si codicias su lugar con piedad, apártate miserable, que otros bárbaros esperan con el hacha sonriente.

El Saber se sirve por detrás del Placer que, a su vez, tira cadenciosamente del Poder; tres escarabajos empujan en conga (examen de conciencia -- dolor de los pecados -- propósito de enmienda, pasito a la derecha; tesis -- antítesis -- síntesis, pasito a la izquierda; crítica, autocrítica y superación, brinquito) --, la ecuación de un montoncito de estiércol llamado deseo, y recorren todo el sistema separando imperceptiblemente un punto de otro de la esfera, intersticios donde nace la pequeñez, como cabello, que lo derrota para hacerlo de nuevo. Fragmentos triádicos indeseables que se reflejan unos a otros en el vacío como pedazos de una cadena circular que se cierra en uno, privándonos de un punto de vista.

Este trabajo, traidor de una causa inconfesable a la que no pudo servir, y de la que se hace acreedor de una venganza exquisita, cobrada con olvido, vivirá de la impresión y de la seducción de los demás. No pueden decirse los muy gazmoños que no necesitamos empuñar con firmeza grandes mentiras nobles (como hace la Filosofía), estupendas calumnias sin culpas (como hace la Historia), colosales matanzas honorables (como hacen las Guerras), poderosas envidias limpias (como hacen las rivalidades nacionales), trampas llenas de grandezas (como las Democracias), traiciones memorables (como las Elecciones) y monumentales ingratitudes públicas (como las Biografías). Bien visto, el tamaño de nuestros vicios es el mismo en todas las escalas, incluso la virtud, ese vicio travestido que se engaña a sí mismo.

Lo que el sistema ha hecho de mí es sistema. Lo mismo que ha hecho con los demás. Cuando creo expulsar con esta idiotez a cobardes y débiles, no entiendo que están dentro. Cuando digo ¡Pereced bajo mi mano!, como Platero bajo los desahogos de Jiménez, no reconozco que los eliminados son los de afuera. Sólo saltaremos nuestra propia sombra esperando un sol meridiano que, sin opacidades, ilumine la más bella de nuestras miserias: el éxito.

Su anverso, la identidad, avanza enmascarada al abandono de sus resistencias. Sola, colgada de sus esencias inventadas sobre un vacío que la anima, nos recuerda la sabiduría de la cultura de masas que nos ha enseñado a escuchar la música de los clásicos desde las caricaturas y que nos humilla ahora al invitarnos a comentarlas.

Silvestre: -- ¿Y vos quién sois? ¿Acaso D`Artagnan?

Pato Lucas: (disfrazado de Conde) -- ¿me creeríais, si te dijera que soy el enmascarado peligroso?

Silvestre y Porky (riendo): El enmascarado pe, pe, peligroso, que buen chiste.

Lucas, dice la verdad de su identidad, pero la dice desde un disfraz a otro. Un tercer disfraz más y lo hubiésemos averiguado todo. Pero no es tan fácil. No se dejan, las muy cretinas, sin duda, pero no se escapan. Daffy es el vacío que nadie puede reconocer. Nadie sabe realmente quién es. El más escéptico creerá que es un fruto de la Warner Brothers. Es el sistema que ha elegido una máscara, como pudo haber sido otra cualquiera. Lo que hace reír a Silvestre y a Porky, es que el sistema, el peligro, no necesita máscaras, para presentarse. El precio a pagar es no verlo, no temerle, diluirnos en él. Un hombre o mujer, da lo mismo, puede saberse malo hoy porque fue bueno ayer. Envidioso, egoísta y morboso (quiere todo lo que no puede tener) porque se lo debe a haber sido generoso, desprendido y respetuoso (tuvo todo lo que no pudo saber). El sistema nos disuelve circularmente y nos presta máscaras, roles, pasiones, tiempo, comparaciones entre un punto y otro que nos miden, entristecen o alegran, para que actores con poder nos identifiquen en un espacio determinado. Aquí es donde salta el enmascarado peligroso para defendernos del mismo sistema que lo crea.

“El sistema y yo” (en gard, nos dice Lucas, flexibilizando su florete), vivimos de hablarnos continuamente, de preguntarnos y respondernos, de amarnos y odiarnos, de eliminarnos y sustituirnos, de desafiarnos y acomodarnos, de negarnos y reconocernos, en una ilusión que nos hace ver dos agentes, donde sólo hay uno, que no se detiene en un carrusel de acción perpetua que ahoga los intersticios de silencio.

Pero, como el niño que ha crecido junto a uno en el vecindario y que jamás le hemos dirigido la palabra, aunque cada vez que coincidimos, ya viejos, siempre nos miramos directamente a los ojos, sin saludarnos, sabemos que algo se romperá el día que nos hablemos, es decir, al revés, para el caso que nos ocupa, el día que callemos. Mientras tanto, ese día, me prepararé para combatir al sistema aunque, como el alumno al antiguo maestro, llorando por el dolor de la ruptura, por la nostalgia de lo aprendido, por las heridas de la herencia (“Vamos Sam, tócala otra vez”), no me entere que ya habrá muerto y que yo agonizo.

domingo, 1 de noviembre de 2009

MUERA LA REPUBLICA: ¡VIVA LA DIFERENCIA!

MUERA LA REPUBLICA: ¡VIVA LA DIFERENCIA!

(Comentario a la obra "Barroco Descalzo")

Por Freddy Quezada

Cuando se elige ver las cosas desde la "diferancia" como epistemología, cambiando la "e" por la "a", como hace Derrida en su célebre ensayo fundante, equivalente al cambio de "o" por "a" de las especialistas en género, se corren muchos riesgos. Uno de ellos es que un país se vea literalmente dividido, como cuando los dragones de papel en los carnavales chinos se rompen por el centro, y que una parte de la población se quede con la mitad del nombre y la segunda con la otra mitad, como Chequia y Eslovaquia, por ejemplo. Es como si mañana, los costeños decidieran quedarse, con toda justicia, con el AGUA, y el resto del país, pacífico e interior, termináramos siendo conocidos como NICARA.

La diferencia, mientras rompía con la igualdad y los deberes, liberó una energía caótica en todas las direcciones. Puede ser confundida con las fiestas de Artaud, el carnaval de Bajtín, el caos postmoderno, el escepticismo postcolonial y la hibridez postoccidental.

Apenas las diferencias ganaron cierto consenso y lograron carta de ciudadanía, empezaron oprimir al "otro" vencido, que sólo la víspera era el verdugo o cómplice pasivo del viejo orden. Algunos que han advertido el asunto (que se quejan de no poder llamar a los afroamericanos, "negros"; a las personas con capacidades diferentes, "tartamudos" y "ciegos"; a las personas con opciones sexuales distintas, "cochones" y "marimachas"; al marxismo abierto, "totalitarismo"; al lenguaje ordinario, llenarlo de plecas y vocales alternas) creen, y no sin cierta razón, que es la justicia que ha progresado a costa de la libertad. Un día de estos, Vargas Llosa decía que uno ya no puede escribir nada sino está con el temor de ofender a alguien y se preguntaba si Sábato correría para hacerse perdonar ante los no videntes su célebre obra "Sobre Héroes y Tumbas".

A mi juicio, sin embargo, creo que más bien la diferencia pagó con su triunfo, obligar a expresarnos de forma "políticamente correcta", el precio que exige todo poder: reprimir al vencido. Mientras en el reparto del poder, la política se desenmascaró por el descrédito de la ciudadanía, en el lenguaje se cobró la revancha. Los "afroamericanos", no porque los llamemos así han modificado su situación un ápice, y ya sabemos que estar consciente de una cosa alimenta el dolor de ella pero no necesariamente la resuelve; ni las mujeres han mejorado mucho porque usemos las plecas de marras, a no ser que estemos convencidos de que la conciencia llegada de afuera le agrega algo a los sujetos a redimir. El marxismo pagó con su vida esta equivocación.

Se ha creado entre todos ellos una especie de clase media que habla con un discurso ilustrado de nuevo tipo, pero igual de cómoda y arrogante que la clásica pequeña burguesía, que ya a todos nos tiene sin cuidado recordar, después que la sepultaron los mismos que la creamos. Muchos tienen la piel oscura, pero se mueren por vivir como los blancos; otras, lanzan discursos radicales desde las conferencias internacionales de Pekín y Nueva Delhi lanzando e-mail mundiales para mujeres pobres desde sus laptop de 2000 dólares.

Es la diferencia de la diferencia, que jamás puede ser igual a sí misma pero que, en algún momento de verdad, lo es.

Ahora, la diferencia, en sus excesos, está cobrando el precio del mismo modo que sus enemigos, que no pueden ser "otros", porque es una categoría reservada para "otros", iguales en dignidad, derechos y respeto, es decir, ellos y ellas mismas. Siempre habrá, en estas lecturas, un otro/a, que no es deseable. Es decir, para repetir el error que queremos evitar, habrá diferencias buenas y diferencias malas, como las que un país puede ver entre turistas y emigrados. Así, pues, las diferencias se disparan en dos direcciones: son liberadoras mientras se están haciendo y opresivas cuando están hechas. Entonces no hay diferencia única

Dentro de la tradición de Leonel Delgado (aún muy literario en Márgenes recorridos) y Carlos Midence (todavía muy sociológico en Rubén Darío y las Nuevas Teorías), Erick Blandón nos trae el aparato de los Estudios Culturales y el postmodernismo de la diferencia, para deconstruir nuestros imaginarios nacionales, en particular dos: el Guegüense en el reino escriturario y el Torovenado en el oral.

Todos estos autores coinciden en destacar el poder de la narración como código maestro de deconstrucción en las combinaciones hasta hoy inadvertidas entre los canon literarios y la historia real, tiempo y narración (colonial y subalterna) de los Estados naciones. Las teorías literarias se funden con las filosofías de la historia y el poder que tienen después por medio de los intelectuales como imaginarios de referencias. Un poco como cruzar las perspectivas de Ricoeur y Foucault, e inscribirlas en las nuevas corrientes de los estudios culturales, subalternos y postcoloniales que se desarrollan en las universidades de los países rápidos.

La propuesta de Blandón nos hace ver que los imaginarios nacionales son recursos de poder que usan distintas capas sociales, generalmente letradas, para mantener la cohesión social e identitaria del Estado nación. Darío y Sandino, no escapan a estas lógicas que Blandón centra sólo sobre el Guegüense, un personaje del Pacífico nicaragüense que se impuso a todo el país, bajo el discurso de un mestizaje sepultador de la diferencia étnica, sexual, de género y colonial.

Esta manera exige la solidaridad entre los ilustrados, independientemente de sus contradicciones (como la referida por el autor entre Carlos Cuadra Pasos y Jaime Wheelock sobre Pedrarias Dávila) para inventar las tradiciones (como demostró Erick Hobsbawm) o mantener una comunidad imaginada (como la concibe Benedict Anderson).

El método o los principios que usa Blandón son tributarios del diferencialismo derridiano que elogia las diferencias sean estas de sexo, raza, género, clase o colonialidad. A esta altura me parece, sin embargo, que llega tarde este movimiento que agoniza y ha sido reabsorbido por otras escuelas (como los Estudios Culturales mismos y el postcolonialismo), pero que en Nicaragua son una novedad. Una vez hizo notar Arturo Andrés Roig, uno de nuestros filósofos latinoamericanos más notables, que el barroco es nuestro postmodernismo (una especie de pre- post), y que en ese sentido nuestros teóricos han sido José Lezama Lima y Alejo Carpentier. Así, pues, siempre están llegando tarde a América Latina unas ideas que siempre han estado aquí.

Siguiendo esta línea, hay un aspecto sobre las diferencias que quiero tratar basado sobre lo que dijo hace tiempo otro autor latinoamericano, también considerado pre-postmoderno. "Pensar es olvidar las diferencias" -- decía. En efecto, ver diferencias en todos lados es matar el pensamiento (un perro no puede ser todos los perros del planeta en sus diferencias), pero la operación también mata la memoria, porque las cosas en su unidad siempre son y serán como las recordamos o como nos la contaron la primera vez. Es decir, no podemos ver más que a través de la memoria, es decir, del pensamiento. De ahí que Funes no pueda ser el memorioso, si no, al revés, el desmemoriado y esta es la gran broma que nos gasta Borges, porque Funes, al reconstruir un día entero en dos, no necesita la memoria, porque sólo se pueden ver diferencias sin ella. La memoria es la que permite las comparaciones al medir una cosa con otra e imponerse la que cuenta con el mayor poder de seducción y fuerza. Nadie sabe si Nicaragua es pobre o no, así como nadie conoce el tamaño de su cara, si no es en un cuadro comparativo donde nos imponen los referentes. La realidad sin comparaciones es infinitamente rica en sus diferencias, mata al tiempo, es atemporal al pensamiento y a esa diferencia que compara y mide. Se es lo real. Es.

El concepto de Estado nación en Europa, se impuso también como diferencia (homogenizada a lo interno con un himno, una bandera, una moneda, una lengua y una narración épica única) frente al "otro" diferente (las otras naciones que hacían lo mismo). La nación es un imaginario violento, impuesto por los letrados en forma de leyes, custodiado por un ejército y en el cual los intelectuales asumieron un papel de cómplices (ya sabemos lo delicioso que es ser opresor y, más todavía, defender a los oprimidos pero, faltaba más, sin confundirse con ellos). Blandón lo descubre así: "Es la pervivencia de una estructura de pensamiento de bases coloniales, que pone al descubierto las limitaciones del letrado en su solidaridad con el subalterno, que no pasa por negociar su lugar hegemónico de enunciación, ni por la renuncia al sitio en torno al cogollo del poder, que heredó de la colonia, y sobre el cual siguió cabalgando desde la independencia hasta la revolución sandinista y de esta a lo que corre en la era de la globalización neoliberal".

Pero ahora viene la gran pregunta autorreferencial que nos echa a perder todo ¿cómo un letrado, por medio de la escritura, llama a otro a no serlo? Yo sería, por ejemplo, en este escenario, si me uniera a Blandón, un eslabón más de la cadena, que no debiera decirse. Una de dos: lo digo para que de verdad, incluyendo al que lo dice, se suiciden todos de una maldita vez, o, lo digo como una boutade, para continuar el juego. Me parece que nadie puede estar en la primera opción porque está muerto o decidió callarse; entre los segundos, nos contamos muchos, porque son otros discursos más, sin decir que queremos imponerlo.

Esta expresión nos saca de la lógica del discurso y nos mete de cabeza en la de la fuerza. Cuando uno exige, como lo hace el Dr. Blandón, que haya diálogo y consenso entre las diferencias y cito "Donde haya diálogo con el respeto que ello implica para todas las diferencias, y no el monólogo de una voz tonante desde el lugar de la hegemonía letrada", no perseguirá mi viejo profesor, ser él la voz tunante (otra vez ilustrada) que condena?

Hay una diferencia entre Blandón y yo (y no puedo decir si es de la buena o de la mala): él cree que se puede conocer a los subalternos y corre el riesgo de construir otros sufrientes. ¿Es que no puede mi querido profesor, como dice Peter Sloterdijk, "aceptar con gesto hosco cualquier dación de sentido a partir de sí mismo y de ahí el shock nihilista cuando se reconoce que no hay sentido, sino que nosotros lo fingimos (y después lo olvidamos, le agrego yo) para después consumirlo"?

Blandón, mi viejo y respetado profesor, cree que los "otros" pueden hablar con voz propia porque la han perdido o se las han silenciado, pero porqué no piensa que son también un invento "...las historias emergentes pueden ser escritas, dichas u oídas e inscritos los signos de las identidades contrahegemónicas. Es decir, que el subalterno desde su etnia o comunidad, desde su sexualidad o género recupere la voz o la representación perdidas en el proceso de colonialidad y homogenización"?

La pregunta sería entonces, si la igualdad, ese término áspero e ilusorio que nos ha perseguido, no rompió las ataduras de los subalternos, el diferencialismo las anudó aún más, haciéndonos representar una nueva máscara, la diferencia por fuera de nosotros mismos.

No puedo decir que los otros u otras se pueden conocer o no, para mi es una indecidibilidad godeliana. Esa suspensión, como la colgadura del árbol donde muchos debemos pender, es la única opción que tienen los desesperados del saber como yo. Nadie puede saber quién es el otro, porque ya lo es, y está en serlo no saberlo. El otro puede llegar a ser construido por un infinito de imaginarios para el otro que nunca sabrá quién es.

Nuestra cultura no puede entenderse mientras no conciba seres sufrientes marcado por el cristianismo. El sentido más fuerte de nuestra cultura es el dotar de sentido mediante recompensa y castigo al dolor ajeno. El sufrimiento, sobre todo el de los inocentes, no quiere, no debe y no puede quedar sin castigo para los responsables, y sin recompensa (en el cielo, en el mañana, en el hoy) para las víctimas. En estas coordenadas el intelectual, construye sucedáneos de sufrientes: esclavos, siervos, individuos, trabajadores, colonizados, mujeres, etnias, minorías sexuales, y ahora subalternos.

Pero también la venganza que se ha tomado el espíritu postmoderno en contra del dolor de los sufrientes, imaginados por sus intelectuales, es el placer por el placer, no sólo de romper con los redencionismos sino de quemar el puente que los unía con la sustitución del deber por los derechos: así, dolor y placer, unidos por una bisagra, el deber, para alcanzar la felicidad, vienen a ser la misma cosa en la modernidad. Los postmodernos sólo la invirtieron: placer y dolor, unidos con otra bisagra, el derecho, para evitar el sufrimiento. Total, como descubrió Buda, el dolor y el placer son lo mismo, y se pasa del uno al otro, y viceversa, por medio del deseo, cuyo nombre en occidente es la promesa emancipadora y el consumo.

Las cadenas de diferencias son círculos concéntricos elásticos que sólo una voluntad de saber y poder decide donde detenerlos. Es como la inútil búsqueda del átomo de los viejos físicos y el descubrimiento del holismo de las partículas más pequeñas. La modernidad detuvo las diferencias en las fronteras del Estado-nación primero (siendo el "otro" Estado, el enemigo) y, en las clases sociales, después (siendo el "otro", el burgués, el enemigo).

Ahora se ha reducido el nudo y por lógica los defensores de la diferencia tienen que colegir que el Estado y las clases sociales se han debilitado. Hay que decir en consecuencia que el Estado-nación tiende a desaparecer como imaginario dominante para dar paso al archipiélago de diferencias que nos circula y que exigen nuevas mediaciones. Y, como Blandón no lo hace, no sé si por prudencia o desconocimiento de las conclusiones de sus propias premisas, al amparo de aquel refrán luterano, que me permitirá este exquisito auditorio reproducir con respeto, "un culo estricto rara vez deja escapar un pedo jovial", déjenme decirlo a mí:

¡Muera la nación,

viva la diferencia!

7 de agosto de 2003