domingo, 15 de noviembre de 2009

CLIGENIA: La Otra cara del Narsiteo

CLIGENIA: LA OTRA CARA DE NARSITEO

Freddy Quezada [1]

INTRODUCCION

Por razones que aún no entiendo, un diario vespertino local publicó a mi nombre una especie de reflexión colectiva del IMSCO, titulada "Narsiteo: un paradigma probable en la Nicaragua posible". Debo aclarar que tal ensayo fue fruto también de los otros dos compañeros, miembros del Consejo Directivo de nuestro Instituto, que fueron omitidos: Carlos Molina y Orlando Morales. Sin embargo, las consideraciones que a continuación aparecerán corren, esta vez sí, por mi propia cuenta, aunque mis colegas no tienen objeciones de gran magnitud a las mismas.

Nosotros hicimos circular el ensayo original entre algunos intelectuales de distintos signos y las críticas que logramos escuchar las devolve­ré ahora en forma de un complemento con el mismo estilo empleado para el Narsiteo.

Prometimos, cuando redactamos el Narsiteo, no polemizar sobre los defectos severos del modelo que proponíamos, porque estamos abiertos más bien a las propuestas constructivas de los modelos heurísti­cos post-revolucio­na­rios aún cuando calculamos la posibili­dad de un desencuentro amistoso entre nosotros.

Como en el paradigma primero, de nuevo nos serviremos de los inevita­bles griegos, acompañan­do cada figura con las críticas y graves omisiones en que incurrió el Consejo Directivo del IMSCO al proponer, según algunos de nuestros contradictores, una amalgama de partes mutuamente excluyentes entre sí y ofrecer una utopía más, agregándole una contradic­ción que hace estallar por dentro al término, al llamarla "sensata y relativa". Hay utopías sin gradaciones o no hay.

Del mismo modo, los tres persona­jes de esta otra propuesta expresan movimientos sociales postmodernos, precisamente la wesenschau de nuestro Instituto, gobernados con otros tipos de leyes que van muchas veces más allá de una simple racionalidad política.

I. CLITEMNESTRA

Probablemente por una tradición obrerista que aún arrastramos, perdimos la preciosa oportuni­dad de decir que el Sísifo de hoy, también es la mujer oprimida por esa vida cotidiana que anula toda autoestima y que las subordina al macho y al sistema por su condición de género. Esa lectura economicista que hicimos, sumada a un desconocimiento del papel del artista en Nicaragua, confundido con el hedonismo vulgar, nos llevó al mismo tiempo a no comprender los rasgos positivos del Narciso que, en la mujer y en el artista, tienen algún asidero por la autovalo­ración que encierra. Por eso es que todo el ídolo Narsiteo, se descompondrá siempre en sus partes por la rebelión interna que unos tendrán contra los otros. ¿Quién tendrá mayor peso en ese adefesio: El bueno de Prometeo o el malo de Narciso, disputándose maniquea­mente a los pobre Sísifos?

En consecuencia, Sísifo debe ser complementado por su anverso consciente: Clitemnes­tra, por excelencia el personaje femenino con conciencia de género en el más hostil de los mundos para ellas: el mundo griego. Como se sabe, según Eurípides, Clitemnestra mató a su marido Agamenón, por haber sacrificado a Ifigenia, la hija de ambos, y por traicionarla con Casandra. Orestes y Electra, sus hijos, al solicitarle explicacio­nes, justifica las razones de su crimen como hoy lo pudiera hacer cualquier feminista del mundo. Orestes decide matarla. Pero lo que ahoga con ello no es solamente a su propia madre, sino las razones de una conciencia. Este es un nuevo componente imprescindible del paradigma nicaragüense: El hombre nuevo debe ser en gran parte una mujer.

II. DIOGENES

Tradicionalmente siempre nos imaginamos a Diógenes como un viejo en harapos buscando al verdadero hombre con una lámpara. Pocos saben que fue el popularizador de una doctrina--el cinismo-- que se parece en sus principios a lo que hoy conocemos como ecologismo. El mundo actual ha tomado conciencia de su finitud. Busca, hasta ahora, protejer el entorno de la mentalidad depredado­ra del raciona­lismo (en sus distintas variantes capitalistas) geométri­co, calculador, deducti­vo, infinito, abstracto y destructor de la naturale­za. Ningún arquetipo puede ignorar el medio ambiente como sujeto de cualquier esquema de desarrollo. A Diógenes le gustaba decir que la virtud descansaba en la simplici­dad de respetar la naturaleza y vivir como los perros, sin normas ni convencionalis­mos. Cualquier paradigma probable debe tomar en cuenta en su centralidad: el espacio. Sólo así humanizaremos a la naturaleza y nos naturalizare­mos nosotros mismos.

III. IFIGENIA

La Ifigenia de Táuride, fue la sacerdotisa de una tribu de bárbaros del Ponto Euxino, que le sacrificaba vidas humanas a Artemisa. Hasta antes de la llegada de su hermano Orestes a Táuride, se le consideraba como la defensora de los valores, cosmovisión y derechos de lo que los griegos y, en especial Aristóteles, como precursor desde entonces de los etnocentristas, llamaban "bárbaros".

La pertinencia de recordar este suceso, viene a colación a partir de lo profundamente actual del fenómeno étnico. Quizás el responsa­ble (en verdad el fenómeno vecino: las nacionalidades) de la mayor masa de cambios en el mundo, en especial el europeo. Durante mucho tiempo, los habitantes del tercer mundo fuimos víctimas de la afirmación etnocentrista que los países desarrolla­dos mantenían una homogeneidad cultural y racial dignas de ser imitadas por las nacionalidades nuestras. Un desencanto más, agregable al derrumbe de las doctrinas prometeicas, que nos ha enseñado el valor que tienen las culturas de nuestras etnias en Nicaragua y América, el respeto que merecen sus cosmovisiones y el derecho que tienen de existir con sus costumbres y sus dioses.

IV. CLIGENIA

Las mujeres, el medio ambiente y las etnias pueden formar, en comunión, si no un paradigma, al menos un referente para situarnos en lo que serán los actores más poderosos del siglo XXI. Es, en efecto, la otra cara de un Narsiteo medio soñador, aburrido y carnavalesco. Como él, Cligenia[2] lucha actualmente, aún por separado, contra las desigualda­des y las injusticias del sistema, de tal manera que su unidad puede resultar más poderosa y coherente aún que la del mismo Narsiteo. Con todo, hay que cuidarse de los excesos de un feminismo radical, de la mistificación de una naturaleza que también tiene sus venganzas contra nosotros, y de la exclusividad un modo de vida monoétnico sin respetar la de los demás.

Así, pues, proponemos un nuevo modelo de ser humano que conjugue las potencialidades de las mujeres, de la naturaleza y de las viejas etnias que aún subsisten defendiendo su sabiduría y su filosofía de la vida. En verdad, algo de Beauvoir, de mohicano y de San Francisco de Asís.



[1] Subdirector del Instituto de Investigaciones sobre Movimientos Sociales y Comunicación (IMSCO).

[2] Una especie de unión de prefijo, infijo y sufijo de los nombres de los tres personajes: Clitemnestra, Diógenes e Ifigenia.

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