martes, 17 de noviembre de 2009

Investigación y Etnodesarrollo

INVESTIGACION Y ETNODESARROLLO (I+E)

Por Freddy Quezada

A Antonio Guzmán, nuestro cacique “Nicarao”.

Ahora que leo en los cables cómo los canadienses varones se atropellan para ver a sus compatriotas pasearse sin sostenes por las calles de Ontario, pienso que si yo perteneciera a una tribu africana, donde es común esa situación, me diría cuán cretinos son los occidentales y qué idiotas son sus varones.

Para comprender bien a la cultura occidental hay que verla como si fuéramos antropólogos de las no occidentales. Se descubren, con tal ejercicio, cosas muy cómicas y otras totalmente absurdas. Camus y Sartre, entre otros, se distinguieron por presentar a las sociedades europeas en sus valores más profundos pero, en sus extrañamientos de sentido, también en sus orgullos más equivocados y en sus certezas más humilladas.

La Antropología es el remordimiento de Europa, como dijo Octavio Paz, por haber perdido unas raíces -- a resultas de los cambios continuos de la modernidad -- sólo encontrables fuera de ella, en las “otras”, en las “atrasadas”, en las nuestras. La antropología, así, no sería más que la hija de un gigantesco complejo de culpa de Europa: la pérdida de su pasado, y de una penitencia que la hizo descansar en EEUU: la conquista del futuro. !Futuro que, para todos, es el hoy nuestro!

Decir “antropólogos de las culturas no occidentales”, lo sabemos, es un disparate. En primer lugar, porque tales culturas no necesitan buscar unas raíces que ya tienen y, en segundo, muchas de esas culturas no conocen la culpa. Pero, tal vez sea pertinente decirlo en el sentido que podemos ver a nuestra propia cultura como extraños, como “otros”, como “indios”; al fin y al cabo, como lo que somos los latinoamericanos: semi-occidentales. Mitad “otros” y mitad europeos. Vieja vergüenza que ha pasado a ser ventaja en nuestro tiempos multiculturales, postmodernos y caóticos. El Centauro empieza a descubrir su belleza.

Sirva todo este escenario para abordar un aspecto muy popular en las ciudades tecnificadas de Occidente: la llamada Investigación y Desarrollo (I+D) que, otra vez, se nos propone como modelo y a la que se debe, según la creencia general, el éxito de estos países. Las metodologías etnocéntricas se centran básicamente en unos valores donde son centrales el “progreso”, el “dominio de la naturaleza”, el “antropocentrismo”, “la calidad total”, “las tecnologías de punta” y la “rentabilidad y revolvencia de los proyectos”. Esta dominación cultural se ha impuesto también como la mejor y la “científica”, a la que se ha agregado una piadosa limosna ecológica.

En cambio, si incorporamos el “etnodesarrollo” dentro de las investigaciones en nuestro país, por ejemplo, comunicaremos las cosmovisiones culturales y los imaginarios identitarios de los actores étnicos nicaragüenses, que no sólo se encuentran en la Costa Atlántica, sino también en el Pacífico, Norte y Centro de la nación. Estas últimas comunidades han sido largamente ignoradas por el etnocentrismo común de los habitantes de las zonas mestizas, las agencias de desarrollo y hasta muchos investigadores del tema. Un movimiento joven, el MIN (Movimiento Indígena de Nicaragua), hasta donde conozco, es el único que está tratando de recuperar estas tradiciones.

El etnodesarrollo en materia de investigaciones tiene que enfatizar la “cultura propia” que comprende la cultura autónoma y la cultura apropiada. Guillermo Bonfil, un estudioso de estos temas, ha propuesto que el fortalecimiento de los movimientos étnicos pase por hacer coincidir las decisiones (propias) con los recursos (propios y ajenos) en las culturas autónomas y apropiadas. El área izquierda en el cuadro que aparece a continuación:

CUADRO No 1

TIPOS DE CULTURA POR RECURSOS Y DECISIONES

RECURSOS

DECISIONES

PROPIAS

AJENAS

PROPIOS

Cultura AUTONOMA

Cultura ENAJENADA

AJENOS

Cultura APROPIADA

Cultura IMPUESTA

Fuente: Bonfil Batalla (1994:134)

Dentro de esta lógica, pues, ya podemos hablar de Investigación más Etnodesarrollo (I+E) desde los ámbitos identitarios más profundos de las comunidades que se tengan a sí mismas como étnicas, tanto en el Atlántico como en el Pacífico de Nicaragua.

No conocemos todavía una lógica donde las comunidades indígenas participen directamente en los asuntos de investigación y desarrollo. Todavía son poco promocionadas las llamadas etnometodologías basadas en los consensos de la conversación, aptas para culturas orales (Heritage, 1991:290-350).

Es difícil abrirse campo en esta esfera. Entre otras razones, porque hay que luchar ardua y paciententemente contra los valores más profundos de la cultura que nos cobija y que, de una manera u otra, todos compartimos, al menos en sus aspectos más ocultos como son la fe en el progreso, el sentido de la historia, la celebración de la técnica, la creencia en la ciencia, la rectificación de todas las faltas y la reparación de todas las injusticias al final de los tiempos.

El etnodesarrollo parte siempre de los “otros”, de su cosmovisión y esto es lo que nos permite publicitar este nueva/vieja epistemología. Los nuevos investigadores no sólo deben estudiar sus propias raíces, sino también identificarse con los relatos maestros de su cultura y desconfiar del objetivismo que receta la cultura occidental, siempre enajenante e impositiva. Ya hemos escuchado suficiente al europeo que llevamos dentro y es hora de atender a la parte india y negra. Aprendamos, de una vez por todas, que cuando los indios que somos contemplan el bosque, los occidentales, que también somos, cuentan los árboles.

BIBLIOGRAFIA

Bonfil Batalla, G. (1994) El Etnodesarrollo: sus premisas jurídicas, políticas y de organización. mimeo. s/l.

Heritage, J. (1991) ¨Etnometodología¨ en La Teoría Social Hoy, en Giddens, A. Turner, J, et al. Alianza Editorial. Madrid. Págs: 290-350.

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