martes, 17 de noviembre de 2009

Las Aporías de las Luchas

LAS APORIAS DE LAS LUCHAS

Por Freddy Quezada

En Poderosa Afrodita, la última película de Woody Allen, aparece un coro en la más pura tradición griega que, al terminar el film, canta música de vodeville sin mayores traumas. Un círculo que se cierra sobre sí mismo. La Antigüedad se encapsula dentro de la Postmodernidad con melodía para clarinete newyorquino.

Ante la incertidumbre de nuestra época, la fórmula "hacer algo, hacer algo de una buena vez", como dijo hace poco Vargas Llosa, está en crisis y es la que sacrifica toda la propuesta de Allen. En la película se anula la acción humana en el sentido "moderno" de resolver problemas, de hacerla servir a la pasión por los cambios o de verla expresada como voluntad para enderezar nuevos entuertos. Lenny (Woody Allen) fracasa para "cambiar" la vida de una prostituta por otra "nueva"; fracasa ante el destino, que se manifiesta bondadoso hasta que un Deus ex machina, ajeno a toda voluntad humana, baja del helicóptero para casarse con Linda Ash (Myra Sorvino). Y, al final, una especie de lógica de yin yan: ambos tienen un hijo del otro pero lo ignoran recíprocamente...

¿Alguien puede entender estas sandeces que escribo?

Sé que los sociólogos somos una tribu charlatana e insoportable, sin más empleo que la construcción de discursos oscuros, repartidos alegremente en tres grandes paradigmas para estafar a los recién llegados: los que descansan en la contradicción (Marx), los que se apoyan en el equilibrio (Parsons) y los que comprenden las racionalidades de los actores sociales (Weber). Pero, agregarle todavía las vibraciones musicales de las mixturas de ideas ya es el colmo.

A veces me pregunto si esta manera de escribir no viene del nuevo modo de leer que tienen las generaciones jóvenes. Sucede que, las nuevas técnicas de lectura a grandes zancadas, que nos imponen medios como la INTERNET, donde es imposible leer al modo lento, reflexivo, "tipográfico", nos condiciona para componer ideas con técnicas de "collage". Ahora se debe leer a grandes saltos, sin subrayados, fichitas, resúmenes, ni paráfrasis. En la montaña de información uno sólo puede deslumbrarse por una oración, dejarse arrebatar por una idea fascinante, inscribirla en otro "género de discurso" o "regímenes de frases" y después olvidarlo para redescubrirla combinada otra vez. Es la magia del círculo.

Como el regreso de los derrotados, por ejemplo, que se comportan como modas. Ahora regresan, también, los núcles duros de las ideologías (Weber, Bakunin, Kant, Nietszche, fundamentalismos milenarios, sabidurías no occidentales, los setentas, los sesentas, los regionalismos, los fantasmas). Hegel regresa del brazo derecho de Fukuyama a aplastar al Hegel del brazo izquierdo de Marx. Irónicamente la historia del siglo XX bien podríamos definirla como la feroz lucha de Hegel contra Hegel. El Geist vs el gespenst el espíritu contra el fantasma, como diría Derrida.

Pero lo más curioso de todo esto, es que las luchas y las contradicciones que la vida real cree haber superado, ignorado, declarado insolubles, perpetuas o preferido cerrar los ojos ante ellas, siempre se trasladan de planos. A otro círculo. Por ejemplo, todos los grandes problemas y luchas, al menos del mundo occidental, están "virtualmente" de nuevo planteados en la INTERNET (el papel del Estado, la ética, la democracia, el mercado, las luchas de clases, el terrorismo, las guerrillas, etc) y en la ingeniería genética (la vida, la muerte, la ética de la creación, la ciencia, la educación, el racismo, la ley, el juicio último del juez de jueces, etc). El mundo todo se reproduce en cada invento humano. Y gira en un carroussell de reencantamientos traicionados.

La INTERNET, un mundo anárquico, es como el mundo imaginado antes del Estado por los contractualistas Rousseau y Hobbes. No hay reglas...aún. Todo está por decirse. Un mundo, donde ya hay un Frente de Liberación de INTERNET, compuesto por hackers, suerte de guerrilleros nobles, defensores del libre acceso a la información, donde se efectúa una extraña lucha de clases contra las grandes firmas del ramo informático y sus sirvientes, los crackers. ¿No suena conocida esa historia para nosotros?

Así, pues, debemos decir que las luchas y las contradicciones, como la energía, no se crean ni se destruyen solamente se trasladan. No sabremos su solución más que aceptando sus aporías.

Una de tales, Jack London la reconoce en la peor de sus novelas, Martin Eden, como el dolor de una luz que se manifiesta aún en el renunciamiento más absoluto de todo sentido de la vida. Placer que siente el héroe nihilista de esta aventura cuando se deja ahogar dulcemente en las profundidades del mar y descubre el conocimiento de las paradojas de la muerte que, "en el instante de saberlo, deja de saber."

Managua, Diciembre de 1996.

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