martes, 17 de noviembre de 2009

Estratificación Teórica del Agro Nicaragüense

LA ESTRATIFICACION DEL AGRO NICARAGUENSE EN EL REGIMEN REVOLUCIONARIO

Por Freddy Quezada


AGRADECIMIENTO.

El CIERA de hoy no es el mismo de la década del '80. Lo cubre una gloria melancólica, cuyos moradores, que la saben ajena, la llevan como un desafío para tratar de superarla. Para quien lo visite, se le presentará como un centro donde reina el silencio en sus naves; sus escritorios y oficinas no presentan aquel rico desorden de sus mejores tiempos, donde no existían las formalidades y las discusiones eran la licencia para interrumpir el mejor de los trabajos. No se advierten ya en la atmósfera las polémicas, pasionales casi siempre, presididas de nombres con algún reconocimiento internacional y las posiciones de investigadores revolucionarios con apreciaciones fuertes sobre las políticas agrarias gubernamentales de entonces. Quizás se deba, con todo el respeto que se merecen los actuales trabajadores del CIERA de hoy, porque son jóvenes que empiezan a descubrir los secretos de la investigación o porque talvez, traicionados por la nostalgia de nuestra fraternidad perdida, desconozcamos las posiciones en sus revistas que aún no impactan a los que seguimos siempre de cerca el problema agrario en Nicaragua.

Una vez, un prominente miembro del viejo CIERA, dividió la composición de su personal así: un grupo de fundadores, un sector de políticos de todos los partidos de izquierda (Carlos Molina, Orlando Morales, Rodrigo Ibarra, Carlos Rivas, Oscar Neira, Ricardo Guevara, Antonio Ruiz, William Gómez, yo, etc.) y un grupo de compañeros de alta capacidad técnica. En el presente trabajo, el autor, situado más bien en el segundo nivel, citará, entre otros, las posiciones sobre estratificación que mucho de los fundadores del viejo CIERA sostenían. Por supuesto, no se manifestarán en un trabajo de esta naturaleza los principales detalles humanos que, por deuda y cariño, no puede olvidar un autor agradecido por sus enseñanzas. Así, pues, a las excentridades de Maldidier, empleadas genialmente para ocultar los placeres de su reino; a Marvin Ortega, preocupado constantemente por hacerse admirar en escena a través de sus impertinencias; a aquel parpadeo intermitente de David Kaimovitz, como si uno le estuviera consultando el fenómeno más interesante del mundo; a los suaves modales de Marchetti impartiendo lecciones con su mano blanca, sin clavos merecidos, como si nos bendijese siempre desde un puerto; al gesto nasal repetido de Orlando Núñez como si primero olfateara a su interlocutor; a Eduardo Baumeister siempre con sus grandes pies encima de cualquier escritorio orientando a los investigadores después de pasarse la mano sobre una cabellera totalmente desmelenada superada sólo por la de Michele Merlet; a Miguel Zaltkin con su barba rabina y voz de bolsillo; a Patrick Dumazert por su disposición siempre de consejos con una energía perfectamente derrochable en cualquier baile postmoderno; en fin, a todos aquellos que ya no alcancé a enumerar pero que siempre les estaré agradecido por los pocos conocimientos que logré capturarles.

I. INTRODUCCION

Hay tantos modos de dividir una sociedad como de unirla. El mercado, la moneda, el Estado, la religión y el idioma son, entre otros, conceptos para tratar de unificar un objeto de estudio. Las clases, los géneros, la sociedad y el ecosistema, las generaciones, el etnocentrismo y las etnias son, también entre otros, modos de dividir el mismo objeto. No sabría decir cuál es la empresa más difícil. Nicaragua, por lo que toca a la estratificación rural, ha sufrido muchos abordajes y cortes. La estructura que contó con más prestigio en la década de los ochenta fue sin duda la marxista refinada a veces en contradicción con estratificaciones focalizadas cuyo propósito no iba más allá de diagnosticar y recomendar políticas para problemas específicos y sin más ambiciones que las de resolver asuntos urgentes. Hoy, con el nuevo giro de la situación en el país, los centros agrarios y promotores del desarrollo rural probablemente tengan que reorientar su manera de enfocar la estratificación en el campo. Por varias razones: una de ellas es que los organismo financieros (especialmente norteamericanos como la AID) exigirán para sus desembolsos, estudios agrarios que respondan a la metodología empleada por organismos internacionales como la CEPAL y la FAO, tradicionalmente centros que contaban con una estratificación distinta de la marxista; otra de las razones es que estos organismos nacionales (MAG, INRA, CIERA, etc.) probablemente desestimen los cortes anteriores, aunque para ello tengan que estudiarlos, y propongan nuevas versiones sujetas a debate y a intercambio con otras modalidades. Por ejemplo, la propuesta de derogar parcialmente los Decretos 85 y 86, tanto a iniciativas del parlamento como de la Concertación, descansa en mucho en la controversia de estratificar a los campesinos privilegiados por la Reforma Agraria como aquellos que pueden ser sujetos de reforma si van o no más allá de 10 mzs en el Pacífico y 20 en el Interior.

Por todo ello, la estratificación de las clases sociales en el agro nicaraguense, aún es un tema en debate. En general, antes del triunfo de la Revolución, siempre fue objeto de discusión más entre políticos que entre sociólogos. Entre políticos tanto de derecha como de izquierda, la estratificación de las clases sociales más bien provenía de análisis de otros países y el uso y abuso de conceptos no pasaba de manejarse como categorías muertas sin operatividad alguna.

A menudo la discusiones sobre este tema entre los partidos eran veradaderamente escolásticas. Por ejemplo, la discusión sobre si existían en Nicaragua relaciones semifeudales o precapitalistas y la repercusión que tenía, para decidirse a un lado o hacia otro, al tratar de aplicarla al campesinado, era realmente cómica. Ambos bandos se apoyaban en textos externos y ninguno se remitía a investigaciones de campo ni a estudios serios sobre el agro nicaragüense. Con dos o tres excepciones, podemos decir que sencillamente no existían o, de haberlos, tenían un carácter más bien empírico que inspiraba desconfianza a unos partidos seguros de la verdad de sus citas y más seguros de la equivocación de sus adversarios.

Entre los sociólogos, al parecer, se logró muy poco avanzar en propuestas de estratificación a pesar de que la única escuela de Sociología del país antes del triunfo de la revolución, estuvo dominada por pensadores estructural-funcionalistas, no por ello menos brillantes; algunos, es más, actualmente en el gobierno (Belli, De Franco, etc)[i].

II. LOS PRIMEROS INTENTOS.

El CIERA (1982:2) al realizar sus primeros intentos de estratificación con datos del antiguo régimen, se lamentó de la herencia encontrada porque los estudios "no están organizados por función de criterios analíticos que permitan cuantificar a las clases a partir de criterios cualitativos, sino que simplemente describen estratos sociales, basándose en el mayor o menor ingreso per cápita". Otro tipo de división al aproximarse al agro provino de pensadores marxistas y, por lo menos los más célebres de ellos, de simpatizantes (Núñez, 1981)[ii] y militantes (Wheelock, 1975) del FSLN.

Antes del triunfo de la revolución se manejaba en círculos de izquierda y académicos una estratificación de clases descendiente de los teóricos de la dependencia que, para el caso centroamericano, lo representaba Edelberto Torres Rivas (1977). Wheelock (1975) adecuó el esquema a Nicaragua a partir de su inserción en el mercado mundial con el cultivo del café. Aclimató la teoría clasista en un escenario rural, basado en mucha historia del país así como en ciertas fuentes estadísticas. Sin duda, su mérito descansa en intentar una estratificación con criterios marxistas de las clases sociales en el agro. Dividió a los sectores en: terratenientes, burguesía agrícola, proletariado agrícola, semi-proletario agrícola y campesinos pobres y ricos. Sin abundar en parámetros fuera de los típicamente marxistas de "El Capital" y "El Desarrollo del Capitalismo en Rusia" para definir a las clases[iii], sólo introdujo algunos estratos, que desarrolló poco, como colonos, medieros, aparceros y precarios (ibid:86-89), pero como variedades descompuestas de los estratos obreros fijos. En la clasificación de los tipos mayores lo siguió Nuñez (1981) y Carrión (1980) sin aportar mayor cosa en la segmentación de los grupos sociales agrarios.

Después del triunfo de la revolución, los estudios sobre la situación agraria en Nicaragua obligaron a los investigadores a partir de estratificaciones que se adecuaran tanto a su corriente favorita, como, algunas veces, a los objetivos de la investigación. En este sentido, se abrió una multiplicidad de maneras para "cortar" los grupos sociales en Nicaragua. Las más populares fueron las elaboradas por el CIERA en sus primeros años. En su folleto "Clases sociales y reforma agraria" (1982) se observa una estratificación más bien marxista, pero ligeramente distinta de la de Wheelock. Utilizó seis criterios para su definición: la transformación de la fuerza de trabajo en mercancía, al separar el capitalismo, al productor de sus medios de producción; ubicación geográfica e histórica; la relación de los grupos sociales frente a la propiedad; por el lugar que ocupan en el sistema político y la apropiación de la riqueza; la lucha de clases y su antagonismo y, por último, la ideología de las clases (CIERA, 1982:1-2). Definió después de estas premisas, cuatro grandes clases: "Terratenientes o latifundistas, burguesía agraria, campesino y proletariado agrícola" (íbid:2). Para la burguesía agraria, hasta 1977, el CIERA la limitó a aquellos productores con más de 500 manzanas de consumo interno, más cien en café, más de 200 en algodón y por encima de 1,000 en ganadería (íbid:3). Sobre los campesinos, los subdividió en cuatro capas: campesinos acomodados, medios, pobres y semiproletarios (íbid:4-6); fueron demarcados por la compra/venta de fuerza de trabajo; al campesino medio nicaragüense no lo concibió como el que ni vende ni compra fuerza de trabajo, sino el que, al mismo tiempo la compra y vende. A terratenientes y obreros agrícolas les mantuvo las características clásicas; es decir, renta para aquellos y tiempo de laborar (9, 5-9 y menos de cinco meses) para estos. En este caso es curioso que al semiproletario lo hiciera depender del campesino y no del obrero agrícola. Kaimovitz (1986) más tarde hará observar este sesgo, aunque con otros propósitos.

En el mismo CIERA, varios autores y estudiosos de la estratificación nunca se llegaron a poner de acuerdo en el modo de subdividir a las clases para analizarla. Retrospectivamente nosotros podemos ahora agruparlos en función del modelo que defendían y/o de la metodología empleada en el examen. Quizá en esto sigamos un poco a Kaimovitz (s/f) que señala implícitamente que las estratificaciones diseñadas en Nicaragua lo han sido en función del sector beneficiario del esquema, y que genera, como contrapartida, una especie de funcionalidad dual o la reducción del perfil de las demás. Un poco decimos, porque Kaimovitz sólo aborda a dos grandes ramas que tienen más bien que ver con modelos de desarrollo agropecuario: el capitalista agroexportador (Wheelock, 1975; Nuñez, 1987) y el campesino (Baumeister, 1982; Vilas, 1982). Ignora o, por lo menos, supo poco del método de tipologías construidas que por entonces trabajaban ciertos autores franceses (Merlet, 1986; Maldidier, 1986; Dumazert, 1987) y los resultados de investigaciones sobre estratificación de algunos de sus compatriotas (Marchetti, 1983; Zaltkin, 1989).

Pasaremos revista sobre la concepción, y la evolución si la hubo, de estos autores sobre el problema de la estratificación. Nos parece que pueden ser agrupables por nacionalidades, aunque metodológicamente no siempre todos los del mismo país comulguen entre sí.

III. LA VIA NICARAGUENSE

Wheelock no renunció a su clasificación de "Imperialismo y Dictadura" durante los diez años de régimen sandinista. Núñez (1987) sí agregó al esquema tradicional el nuevo rol que debían jugar las cooperativas dentro del modelo que impulsaba la revolución. Se preocupó más bien de escudriñar el mundo de las cooperativas y sus diferenciaciones internas, así como el impacto de las políticas públicas sobre el campesinado y su rearticulación con el APP, que repensar la estratificación en Nicaragua. Más o menos manejaba los conceptos dentro de la vieja división.

IV. LA VIA ARGENTINA

Vilas (1982) más bien repitiendo pero, sobre todo, Baumeister, al contrario de los anteriores, empezó en sus primeros trabajos con estratificaciones llenas de ambigüedades y con líneas divisorias poco claras entre un estrato y otro. Por ejemplo, en "Las clases sociales en el agro" (Baumeister, 1981) ubica indistintamente a la mediana burguesía junto a la grande (íbid:2) y, otras veces, dentro del mismo trabajo, pero en otra parte, las separa (íbid:15) y une la gran producción a los latifundistas, sin brindar mayores explicaciones. Cuando reúne a la grande y mediana burguesía en una sola categoría la define como: "dueños de fábricas con más de 100 obreros, de comercio mayor y servicios con más de 50 obreros, de fincas con más de 65 manzanas de café, de fincas con más de 200 manzanas de algodón, de fincas con más de 500 manzanas de consumo interno, de fincas ganaderas con más de mil manzanas de pastos". Al observar el cuadro No. 5 de su trabajo, notamos que los latifundistas aparecen junto a la gran burguesía y se los define así: más de 500 manzanas de productos de consumo interno; más de 65 manzanas de café; más de 200 manzanas de algodón; más de mil manzanas en ganadería (912 cabezas de promedio)". Ya segregada la mediana burguesía se nos aparece limitada por "50 a 500 manzanas de productos de consumo interno; 15 a 65 manzanas de café; 50 a 200 manzanas de algodón; 200 a mil manzanas de ganadería (311 cabezas de promedio)". Para el resto de clases Baumeister avanza respecto a las clasificaciones anteriores del CIERA. Aplica la relación de rubros y el dimensionamiento del cultivo a las subcapas campesinas, algo que sólo había sido enunciado con la abstracción leninista partiendo de la compra/venta de fuerza de trabajo. Además, introdujo para el proletariado el tiempo laboral y las consecuencias en su homogeneidad. "Campesinos ricos y medios: 10 a 50 manzanas de productos de consumo interno; 5 a 15 manzanas de café; 5 a 50 manzanas de algodón; 20 a 200 manzanas de ganadería (72 cabezas promedio). Según la ETC, en su cuadro de salida No. 17, un 13.5 por ciento de los campesinos ricos y medios tienen tierras alquiladas o en mediería" (íbid:17). Los campesinos pobres van de "0 a 10 manzanas de productos de consumo interno; 0 a 5 mzs de café; 0 a 5 mzs de algodón; 0 a 20 mzs de ganadería (17 cabezas promedio)" (íbid).

Para los obreros agrícolas no hay mayores avances a no ser el ya señalado en términos del tiempo de empleo. "El proletariado agrícola permanente está constituido por trabajadores sin tierra que venden su mano de obra en una forma permanente y tienen trabajo estable en alguna empresa agrícola... El proletariado agrícola estacional está constituido por trabajadores que venden su fuerza de trabajo en una forma estacional porque no encuentran trabajo permanente en una empresa determinada." (íbid:18)

En uno de sus últimos trabajos, Baumeister (1989:137) al parecer decidió abrazar la estratificación propuesta por el Banco Nacional de Desarrollo distribuyéndola en APP, Grandes Productores ("incluye a los productores habilitados por los bancos por más de 100 mzs agrícolas y para la ganadería ventas anuales entregado a los mataderos industriales hasta 1986 en que se elevó el índice de matanza clandestina"), mediana producción ("habilitado con menos de 100 mzs agrícolas por la sección del Banco Nacional de Desarrollo denominada anteriormente Crédito Bancario y actualmente llamado Sector Privado"), y pequeña producción ("incluye los productores individuales de crédito rural, las CAS y CCS y la pequeña producción no habilitada"). Además incluye a la APP con los criterios tradicionales.

V. LA VIA FRANCESA

Por su lado, algunos investigadores franceses, discípulos de corrientes campesinistas europeas, en particular las escuelas de Dumont y Dufumiere practicaron las estratificaciones por la vía inductiva, a la inversa del resto de autores. Amantes de analizar las estratificaciones a través del sistema de producción agropecuario, prefirieron tomar como punto de partida la racionalidad, para la toma de decisiones tecnoeconómicas, desde el punto de vista de los productores. Sin embargo, los mayores logros de sus investigaciones están situadas más bien en el ámbito de las cooperativas, aunque se conocen trabajos de un par de ellos sobre tipología ganadera (Dumazert y Levard, 1987). Merlet y Maldidier (1986) fueron los asesores de varios estudios sobre cooperativas en el Pacífico y Norte de Nicaragua. En uno de ellos "Estudio de las cooperativas de producción de Santa Lucía, Petacaltepe, Los Ebanos y Santa Teresa" (CIERA, 1985) explican la construcción de sus tipos con una lógica que nos recuerda más a Weber que a Marx: "Un tipo es una abstracción, no es un grupo de cooperativas. Cada tipo ha sido construido a partir de un estudio detallado de la realidad. No es producto de la imaginación ni de un marco teórico aislado de lo real... Cada tipo es definido por un funcionamiento socioeconómico y se comprueba la pertinencia del planteamiento teórico, mostrando las cooperativas que más se acercan a este funcionamiento..." (íbid:29).

Por ejemplo, para analizar las cooperativas de las comarcas de Masaya, las clasificaron en tres tipos, después de estudiar a fondo sus respectivos sistemas de producción: Tipo I Empresas Asociativas; Tipo II Verdaderas Cooperativas Sandinistas; Tipo III Cooperativas sin coherencia. Sólo estudios muy recientes demuestran que estos autores franceses están intentando aplicar su metodología a grandes productores agropecuarios. Por ejemplo, Kuan et al (1987), formados en la escuela de Dufumiere, elaboraron para un estudio sobre riego en la planicie del Pacífico, una tipología construida así: "TIPO I: Terrateniente ganadero extensivo. TIPO II: Empresa de gran producción. TIPO III: Productor familiar mercantil con dos subtipos: 3.1 Productor familiar mercantil histórico. 3.2 Pequeño productor beneficiario por la Reforma Agraria. TIPO IV: Minifundista, productor sin acceso seguro ni suficientes recursos. TIPO V: campesino sin acceso a tierra." (íbid).

VI. LA VIA NORTEAMERICANA

De los norteamericanos, sin duda, Zaltkin (1989:3-6) es el que se acerca un poco a la tipología de los franceses en su análisis sumamente estratificado de la Encuesta de Trabajadores del Campo (ETC) aplicada por los alfabetizadores en 1980. No obstante, basa su estructuración en "las varias formas de producción, apropiación y distribución de plustrabajo en la sociedad. El análisis no se limitaría únicamente a los aspectos económicos de las relaciones sociales de producción, sino también a otros aspectos... Nuestro análisis de clase enraizado en la producción y el movimiento de plustrabajo, no necesita declarar a priori que esta es la esencia de la realidad social o que de algún modo determina el resto de lo ocurrido en la sociedad... Este documento representa un análisis estructuralista". Lamentablemente este exhaustivo trabajo sólo aborda a campesinos no cooperativizados. Hace la estratificación cruzando uso de tierra, participación porcentual en los cultivos individuales y ganado mayor, manzanas sembradas, quintales cosechados y productividad por cultivo, destino de la producción de granos básicos, acceso a los medios de producción, trabajo humano y animal, posesión versus uso, materias primas, zonas agroecológicas, etc. Operó básicamente con cinco estratos: Campesinos pobres (CP); Campesinos más o menos pobres (CP +/-); Campesinos Medios (CM); Campesinos Ricos Bajos (CR-) y Campesinos Ricos Altos (CR+).

Por su parte, Gibson (1985:15), en su propuesta para construir una matriz de contabilidad social en Nicaragua para la FAO, detalla seis clases sociales. Esta estratificación, al parecer la más simple de todas, obedeció a un criterio cuantitativo (ingresos) para la elaboración de las cuentas nacionales inexistentes en el país. Según él mismo plantea: "Las clases sociales se definen por sus fuentes del ingreso; el ingreso de los empresarios proviene de la ganancia en los sectores agrícolas e industriales y los ingresos de los trabajadores provienen de los salarios. El ingreso de los campesinos es una combinación de ganancias de operación (a veces negativas) más salarios pagados en sus propias actividades. Aunque los campesinos contratan mano de obra (supuestamente de las clases de trabajadores agrícolas) es también cierto que los campesinos son semiproletarios". En consecuencia, las seis clases para él son: "Empresarios agrícolas; Empresarios urbanos; trabajadores agrícolas; trabajadores urbanos y campesinos" (íbid:15).

Marchetti (1983:29) hace una división en la que introduce, sin dar mayores explicaciones, la categoría de "campesinos desorganizados". Por lo demás usa una estratificación tradicional, aunque más tarde evoluciona un poco hacia la tipología francesas: "Haciendas estatales; cooperativas de producción; cooperativas de crédito y servicios; campesinos desorganizados; capitalistas rurales (140 hectáreas y más); y pequeña burguesía (35 a 139 hectáreas)".

Paradójicamente, Kaimovitz (1986:224) --que criticó a Baumeister (íbid:240) y a Wheelock (íbid:227), la minimización de parte de aquel y la funcionalidad de parte de este, del semiproletariado-- usa una estratificación en la que la categoría de semiproletarios se ve separada de trabajadores rurales de tiempo parcial, contrario a lo que ha defendido. No obstante, se interroga, sin proponer alternativas, sobre un cuadro ajeno que utiliza (íbid:224) cuando valora que "la fuente no es enteramente explícita sobre el criterio utilizado para definir cada grupo. La Gran Burguesía está compuesta por productores que poseen más de 350 hectáreas. Se consideran campesinos ricos a quienes sólo compran fuerza de trabajo; los campesino medianos son aquellos cuya compra de fuerza de trabajo es mínima o se equilibra con las ventas de fuerza de trabajo; se consideran semiproletarios a quienes sólo venden su fuerza de trabajo. Las dos categorías últimas (trabajadores rurales de tiempo completo y trabajadores rurales de tiempo parcial) son las de gente que no tienen acceso a la tierra, divididos entre los que tienen empleo permanente y los que no lo tienen". El autor en su más reciente trabajo sobre el tema (Kaimovitz, 1989), por lo menos en castellano, mantiene la división (íbid:64) entre semiproletarios y lo que denomina como "obreros permanentes u obreros". Sobre el resto de las clases mantiene separaciones entre capitalistas, pequeños y medianos productores. Como se remite en la estratificación a su propia tesis doctoral, averiguamos que es, en efecto, más explícito aunque lo denotable es el uso de una estratificación muy parecida a la que ocupa Baumeister.

Como una suerte de síntesis podemos ofrecer un esquema orientador de las propuestas combinadas de algunos autores, en especial de los que abrazaron el esquema deductivo.

ESTRATIFICACION DE LAS CLASES SOCIALES EN NICARAGUA.

----------------------------------------------------------------

CLASE COMPRA/VENTA DE F. DE T. AREA MACROREGION PECUARIO

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BURGUESIA + de 50 mzs de consumo interno; más de 100 en café

+ de 200 en algodón y más de 1000 en ganado.

Grande + de 12 al año per. + de 250 Interior

mediana entre 6 y 12 per. entre 50 y 250 Interior

pequeña entre 2 y 6 per. entre 10 y 50 Pacífico

CAMPESINADO

Rico menos de 2 per. entre 8 y 10 Interior/Pacífico

medio familiar; 0 entre 7 y 5 Interior/Pacífico

pobre vende un tiempo - de 5 mzs en café.

- de 20 en ganado (17cabezas promd)

PROLETARIADO

Permanente + de 9 meses de empleo

Estacional - de 9 meses con subrangos (entre 5 y 9 y menos de 5)

-----------------------------------------------------------------FUENTE: Baumeister, 1982; Kaimovitz, 1986; CIERA, 1982 y elaboración propia.

La propuesta no está agotada. En principio el esquema es más o menos marxista. Las otras tipologías, sobre todo las célebres de Barraclough y Domike (1974), construidas con las exigencias de los organismos internacionales no han sido usadas por la escasez de autores que la emplearon durante los diez años de régimen sandinista. Ahora bien, por el lado de las tipologías construidas por los autores franceses (Merlet, 1986; Maldidier, 1986; Dumazert, 1987) y algunos holandeses (Plantinga[iv], 1989; De Groot, 1989; Ruben, 1989) no se utilizó por el empleo de variables específicas (rubro, tecnología, habilitación y microzonas) que amenazan siempre con romper las categorías conceptuales diseñadas por los autores mencionados al inicio. En sintesis, es un típico dilema entre los conceptos para deducir o los tipos empíricos para conocer. Sin duda, elegimos el primero también por razones de comparación con otros países. No incorporamos, y estamos conscientes de esta debilidad, precisiones sobre subtipos como colonos, medieros, aparceros, precaristas y frontera agrícola porque prácticamente no conocemos estudios empíricos sobre estos grupos campesinos.

VII. CONCLUSIONES

1. Paradigmáticamente podemos dividir en tres grupos las estratificaciones; como ya es lugar común en estos casos, es de rigor aclarar que no todos se encuentran en estado puro: 1. La clásica de la CEPAL (la funcionalista que parte del concepto de unidades familiares) 2. La deductiva (la más popular y de vulgata). 3. La inductiva (la más trabajosa e investigativa y quizás la más aconsejable). En términos de autores, no todos han permanecido fieles a su esquema inicial, a veces los combinan, pero podemos más o menos ubicarlos así:

1.1 La variante cepalina (Núñez en su primer momento, Baumeister en su primer momento, basados en Barraclough, Domike, Feder). Una modalidad que se fundamenta en el funcionalismo dual norteamericano, en particular en los clásicos Lewis y Rostow.

1.2 La variante deductiva (Marchetti en su primer momento, CIERA, Núñez en su segundo momento, Wheelock, Gibson con una estructura simple más para elaborar simulaciones de modelo que para examinar el mundo campesino, Kaimovitz muy inteligente y perspicaz para criticar las estratificaciones pero atrapado por ellas en su sentido deductivo). Este modelo es más bien tributario de Lenin (1979) y Kautsky (1989).

1.3 La variante inductiva (Zaltkin, combinando deductivo con inductivo con mucho énfasis en este último, Baumeister en su segundo momento, Merlet, Maldidier, Levard, Dumazert, Ruben, De Groot, Marchetti en su segundo momento con recaídas). Este esquema se nutre más bien de Weber y Chayanov (1981).

2. Si bien intentamos presentar un esfuerzo de síntesis, con el cuadro resumen, entre parámetros finos inscritos dentro de conceptos deductivos, tenemos que admitir que tiene límites y su utilidad es provisoria. Introducirle a ese esquema más variables (por ejemplo zonas, tipo de suelos, etc.) lo haría inservible y prácticamente el perfil de las clases se perdería. En este sentido, son más recomendables los trabajos con tipologías construidas y con percepciones de relatividad, aunque, como se sabe, aún dentro de esa metodología se sigan usando con elasticidad los viejos conceptos platónicos del marxismo.


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NOTAS



[i]. Hay tres tipo de paradigmas que se utilizan en la Sociología en general. En la práctica no se los observa puros; en la sociología rural se combinan mucho más que en otros ámbitos. Son el marxismo (desde hace tiempo combinándose mucho con Weber); el estructuralismo en su variedad pura norteamericana (Merton, Parsons combinado con Weber y la psicología conductista) y francesa cruzada con marxismo (Althusser, Balibar, Poulantzas); y el funcionalismo más bien inglés y norteamericano. En los tres están de alguna manera no sólo involucrados los padres fundadores de la Sociología sino también muchos antropólogos brillantes especialmente franceses (Sausurre, Levi-Strauss) e ingleses (Malinowski, Radcliff Brown). Si partimos de que los sociólogos del período pre-revolucionario tenían por formación estas nociones es verdaderamente sorprendente que, con dos censos nacionales agropecuarios efectuados, uno en 1963 y otro en 1971, además de un catastro nacional en la zona del Pacífico y Estelí en 1978, ninguno de ellos fuera explotado analíticamente.

[ii]. Con todo, Núñez, en sus trabajos inmediatos al triunfo y un poco después utilizó la metodología estratificatoria común a la CEPAL y que se consagró como la oficial al menos en los organismos institucionales latinoamericanos vinculados a la ONU. Para una clara noción de esta estratificación basada en la divisón del campesinado como unidades subfamiliares, familiares y multifamiliares, sin más criterios que la compra de fuerza de trabajo, véase los estudios clásicos de Barraclough (1974) Domike y Feder, sobre todo para Chile, Bolivia y Perú. Lo mismo hizo Baumeister en sus primeros trabajos. Después ambos autores renunciaron a este tipo de agrupamiento rural o, por lo menos, lo desenfatizaron.

[iii]. Para definir, por ejemplo, al capitalismo agrícola se fundamenta en el acaparamiento de tierras sin definir claramente su dimensionamiento y el número de trabajadores asalariados. "Este proceso de expropiación masiva de tierras a cuenta de la pequeña producción, así como el de conversión de los productores en asalariados o trabajadores agrícolas, se cumple en las condiciones en Nicaragua cuando tiene lugar la expansión de la economía cafetalera agroexportadora (Wheelock, 1975:69)

[iv]. Este autor, en verdad, trabaja con una tipología bastante atrasada como es la utilizada por Róger Bartra (1985), muy popular en los setenta y a quien ciertamente le debemos, junto con Eduardo Archetti, la introducción de Chayanov (1981) en el escenario latinoamericano. Sus otros dos compatriotas (Ruben y De Groot, 1989) trabajan con esquemas más ricos, asentados en la metodología sistémica de producción parecida a la francesa. A esta afinidad muy estrecha le debemos la exclusión de los holandeses del recuento de vías.

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