lunes, 16 de noviembre de 2009

Hágase rico: defienda a los pobres

!HAGASE RICO : DEFIENDA A LOS POBRES !

Por Freddy Quezada

James Petras, uno de esos últimos marxistas que imagino de barba y guitarra, cuenta una anécdota que llamaré la “madrecita chilena”. Progenitora de un sociólogo ex-revolucionario, invitada cada vez y cuando a la nueva casa de su hijo, con mejoras sucesivas derivadas de generosos fondos de centros de investigaciones sobre la pobreza en Santiago de Chile, exclama llena de sincera alegría : “Demos gracias a Dios, hijo, que la pobreza nunca termine y que así continúes con tus investigaciones para que la próxima vez podamos tener una piscina en la casa”. El relato ilustrador le sirve a Petras para definir a los intelectuales de hoy como “institucionales” por oposición a los antiguamente gramscianos “intelectuales orgánicos”, comprometidos y sacrificados. !Cambio dramático de esos animales peligrosos (permitid incluirme, por favor) que traicionan con facilidad !

El problema de defender a los pobres bajo cualquier narración, con sus respectivos métodos, lógicas y promesas, es muy viejo. Para nuestra cultura, su nacimiento puede ser exactamente situado en la Biblia. Después le han sucedido toda una serie de variantes cuya última ( !el colmo, decimos ahora !) llegó a ser bautizada por dos hombres barbudos, sin guitarra, como “científica”. Postmodernamente, para usar una expresión que empieza a corromperse por su uso indebido, la defensa de los pobres ha terminado por evidenciar su carácter usurpador y arbitrario. Nadie puede representar a nadie. Con mucha dificultad uno se representa a sí mismo sólo durante una parte del tiempo. En nuestra época, la gente se resiste a dejarse representar tan fácilmente. Representar las ausencias, la base del concepto según la filosofía del lenguaje, la ilusión que crea la memoria según Krishnamurti, es también la base de uno de los grandes negocios de la cultura occidental : la defensa de los pobres.

Nada pudo hacer a algunos más millonarios en efectivo, en poder o en espíritu que defender a los pobres...hasta que empezaron a cansarse. Efectivamente, el sol salía para todos, como ellos decían, con la pequeña diferencia que, después de la decadencia de los metarrelatos, a muchos nos produjo ampollas y a otros los dejó exquisitamente bronceados.

Los pobres se pueden defender solos. ¿Quién dice que no? Siempre lo han hecho, si no ya se hubieran muerto todos (permitid incluirme, de nuevo). Si no lo saben es porque quienes dicen representarlos se lo han ocultado siempre. Y han terminado por vivir, espiritual y materialmente, de eso. Tal es la lección contemporánea y no hacen falta Nietzsche ni Foucault que nos lo repitan. Esto lo saben muy bien tanto políticos como religiosos. Una de estas últimas órdenes, cupióme en suerte sufrir su indignación hace poco porque se lo expresé abierta y públicamente a través de estas páginas. Mientras duró la ignorancia fue un gran negocio para ellos, hoy tienen que transformar su discurso y ceder ese espacio a otras instituciones, como las ONG’S, más eficaces y blandas. Aunque expuestas a ser consideradas, por algunos militantes del “síndrome de la sospecha” , de colaborar, sin saberlo, como complemento reformista del neoliberalismo. ¿Volverán los viejos tiempos sin haber terminado de irse? Si regresan, al menos encontrarán a un grupo de personas confiadas en su poder de rebeldía sin ilusiones ni nostalgias.

Pedro Demo, un sociólogo tan desconocido como yo, del que me gustaría saber cuando cumple años para regalarle un libro de poesías, dijo en alguna de las revistuchas que ya nadie lee : “no hay la mínima relación adecuada entre lo que se progresa en conocimiento de los problemas sociales, digamos de la pobreza, y lo que se resuelve. Entonces, si estudiar la pobreza no lleva a resolverla es porque mantenerla hace parte de la producción científica”... y religiosa, Pedro, agregaría con mi guitarra.

Managua, abril 1997

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