domingo, 15 de noviembre de 2009

Sólo se encuentra lo que se busca

SOLO SE ENCUENTRA LO QUE SE BUSCA

Por Freddy Quezada

Para Alé mi gran amiga

· No se puede buscar lo que no se conoce

A mis amigas más íntimas suelo preguntarles qué significa cuando están frente a un espejo y se acicalan, un viernes por la noche, pongamos por caso; qué significa cada paso que dan, ese día, en cualquier dirección cuando salen a divertirse, sonreír, bailar, embriagarse, hablar; qué significa "agradar" dentro de un sentido de búsqueda. Suelen responderme que no significa nada, que se arreglan para "ver qué les sale". Les sigo preguntando si eso significa buscar "algo" o a "alguien". Dicen que "no" exactamente, pero que tampoco está excluido. Los varones hacemos también algo parecido.

Son las ambigüedades típicas de la búsqueda: no saber ni siquiera uno mismo lo que busca. Los modernos han llamado a este principio "labrarse uno mismo su destino". 1

Sin embargo, hay ansiedad, esperanzas secretas de "esta vez sí", imaginación de rostros compuestos de trozos perfectos, prueba de los espejismos de la carne, ilusión compartida con otr@, encuentro de dos representaciones falsas, sed. Pero ¿puede uno buscar lo que no conoce? ¿Cómo puede ser? Si nadie conoce algo (digamos la felicidad perpetua, la armonía perfecta, el amor eterno, el destino exacto) ¿cómo es que alguien llega a saberlo? Una de dos: no existe o alguien lo inventa.

· Sólo se busca lo que se ha perdido

Sin duda, hay otra tradición del pensamiento que dice que uno sólo busca lo que ha perdido, de lo contrario ni siquiera se molesta en buscar "algo". Es la (no) conciencia del bon savage, que ignora su propia plenitud. El que busca la felicidad, el placer, el paraíso, por ejemplo, es porque alguna vez creyó tenerlo y lo ha perdido. Es un círculo vicioso. Si llega a obtenerlos, vive con el temor de perderlos de nuevo o aburrirse por puro nihilismo, sin llegar a concluir que se está disolviendo por la satisfacción del deber alcanzado. Uno no busca lo que ya posee.

· Sólo se encuentra lo que se busca

De tal manera, pues, que cuando una persona "busca" sólo puede encontrar lo que ya conoce.2 Pero, si ya lo conoce ¿para qué lo busca? Es lo que no tiene sentido en la cultura occidental, que se ha pasado dos mil años buscando sucedáneos del paraíso y a sí misma, donde no hay nada ni nadie. Una cosa tan sencilla de descubrir, probablemente le lleve otros dos mil más, si es que nos deja sobrevivir con su modo de ver las cosas.

· Desde que estoy seguro de lo que busco (nada) ha terminado mi búsqueda.

No estoy separado de cada cosa que veo, escucho o hago. Soy todas las cosas y seres. No necesito salir, no necesito ni siquiera dar un paso fuera de mí (ya no digamos a la calle) para saber que todo, absolutamente todo, ya está en nosotros. Nada nuevo, sólo el regreso a la vieja fórmula de Lucrecio (¿u Horacio?): "Nihili humani a me alienum puto". Estoy (estamos) disueltos en el mundo. Y no es maravilloso darse cuenta, sólo es sereno.

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1 Hacerse uno mismo su destino no es más que un truco de la modernidad para decir que no hay nada al final de todo. Que uno es el ingeniero de su propio sentido y eso inmediatamente nos coloca como narradores en un juego mortal donde el escéptico se divierte pero al creyente lo obliga a morir o a matar.

2 Se sabe que entre los intelectuales, esa fauna que sólo sabe traicionar, hay un movimiento fascinante cuando están descubriendo algo nuevo o empezando a militar en una nueva idea. Tienen en alta estima y sólo eligen aquellas obras que coinciden, profundizan e iluminan sus propias concepciones. La serpiente se muerde la cola.

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