viernes, 13 de noviembre de 2009

El Dolor: nos quiebra o nos templa *

EL DOLOR: NOS QUIEBRA O NOS TEMPLA

Por Freddy Quezada

Para "Filosofito" y Mauricio "El Loco": música, maestro

El dolor de Nicaragua ante cada una de sus tragedias, desde mi infancia, me recuerda a dos fonomímicos muy populares en el país. Estos humoristas siempre se ofrecen muy generosamente ante cada tragedia, natural o social, para aparecer en los maratones radiales y televisivos con su contribución artística y estimular a los demás en su solidaridad con las víctimas de la calamidad de turno.

Casi siempre el repertorio que ejecutan es antiguo y predecible. Diría que son los únicos que se preparan para la ocasión. Si fuera mal pensado diría, incluso, que se alegran por la publicidad gratuita que brindan las circunstancias. Y, si por ellos fuera, que todos los días explotara un volcán para dejarse reconocer en la madurez de sus virtudes; después de cada tiempo de comida se desataran un par de diluvios para tener la oportunidad de juzgar dos veces sus actuaciones; tres maremotos quincenales les brindaría el tiempo necesario para disminuir la cantidad de errores en sus rutinas de patearse el trasero; y, para los fines de semana, media docena de terremotos serian celebrables con el ensayo de una nueva cabriola inclusiva de una flatulencia bien sonora y unas sentadillas de maduro.

Pero no, son muy nobles para eso, mis admiradas figuras de la niñez. Si usara peluca me descubriría ante ellos como tributo a su perseverancia.

Los otros son los ONG's, y aunque son menos divertidos y mi infancia no les reconozca ningún cariño, ni les adeude ningún agradecimiento, por el simple hecho que aun no existían, también se sienten en su elemento con las desgracias públicas. Apoyan y se movilizan con rapidez y eficacia. Acaso por eso el gobierno no haya decretado el Estado de Emergencia por rebajar su protagonismo. La clase política ya no respeta ni siquiera las catástrofes colectivas que ocupa para su negocio sucio de promoverse.

Pero en realidad de lo que quiero hablar es del duelo en la identidad del nicaragüense. Somos seres dolientes desde las huellas de Acahualinca. No solo estamos huyendo siempre, sino sufriendo. El luto es ya parte de nuestra identidad. Somos los judíos de América. Y no sé si serlo, nos hará más nobles o más cínicos. Sufrir puede ennoblecernos pero no hay garantías. Puede, también, seguir corrompiéndonos.

¿Será el dolor el que nos regresará la solidaridad perdida y el sufrimiento la restauración de la fraternidad violada? ¿O nos hará más insensibles por la frecuencia del fenómeno? Nicaragua ama la vida. Poco se sabe que Sísifo fue castigado por enamorarse de ella. Se negó a retornar ante los dioses griegos, después del breve permiso de su regreso para despedirse de su esposa, porque amó un rayo de sol en las hojas húmedas, la caída de una tarde en los rostros tristes y los frutos dulces de una tierra amable. ¿Por todos los cielos, esta es la vida? Pues que venga otra vez.

Y si viene con más golpes de los debidos, como los de un mazo sobre un hierro candente, odiando los dualismos a los que siempre me resisto, aunque nunca me les escape, diré a mis hermanos y hermanas de Nicaragua: esta vez, y para siempre, nos quebramos o nos templamos. ¡¡¡Nos hundimos juntos o nos salvamos todos!!!

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