miércoles, 11 de noviembre de 2009

EL NEOLIBERALISMO CONTRA SI MISMO

EL NEOLIBERALISMO CONTRA SI MISMO

Por Freddy Quezada

Le sucede a todas las doctrinas triunfantes, que se destruyen realizándose. Al revés de los judíos, ese pueblo que se cura avanzando, nuestros capitalistas contemporáneos se enferman haciéndolo, de tal manera que, como sucede hoy, que están cambiando su discurso de nuevo, si retroceden, es para sanarse. El triunfo del neoliberalismo, pues, ha empezado a ser su derrota.

Un país débil siempre sufre la ilusión que puede resolver sus problemas dentro de sus propias fronteras. Incluso cada generación que sube a la atalaya de cualquier poder nacional o local, con resortes de decisión de mediana y alta escala, sufre las impaciencias que le procuran las juventudes de sus cargos y las ilusiones de un protagonismo comunicado por la reunión en sus manos, del resorte de algunas vidas y haciendas. Sufren una ilusión dulce, sin duda, pero criminal; disfrutan, en efecto, pero nos hacen padecer sus decisiones. Son dichosos, desde luego, pero ignoran la insuficiencia de sus deseos.

Toda solución contemporánea de los problemas siempre modernos de los países postcoloniales como Nicaragua, pasa por zanjar de una buena vez la discusión sobre el Estado-nación. Si decimos que el Estado nación ya es parte del problema y de ninguna manera de las soluciones, pues, esta corriente discute ya las nuevas formas de relacionarnos socialmente y los nuevos modos de representarnos (internacional, local y virtualmente). Su preocupación es cómo terminar de barrer los escombros de los Estados Nacionales cuya soberanía y autodeterminación ya fue superada por la presencia y concurso de fuerzas por encima, por debajo y por dentro de las fronteras nacionales. Bien se dice que los Estado Nacionales son muy pequeños para resolver los grandes problemas (migración, terrorismo, medioambiente, deuda externa, narcotráfico y piratería), demasiado grande para resolver los pequeños (salud, educación, vivienda, empleo, infraestructura y letrinificación) y agotados por dentro (representatividad en crisis, corrupción, partidocracia, pactos, prebendarismos, etc). Es decir, para proponer salidas socioeconómicas nacionales, antes se debe estar claro si el Estado-Nación sirve o no para algo.

Lo último en esta discusión es la que desencadenó hace poco Giorgio Agamben (1996: 41-61) -- heredando parcialmente de Hanna Arendt su preocupación por los exiliados y refugiados desde el punto de vista de los Derechos del Hombre y del Ciudadano -- sobre la crisis de los Estados nacionales, a propósito de sus tres rasgos característicos: a) la localización (territorio), b) el ordenamiento (Estado) y c) los nacimientos (Nación). Agamben (1998: 52-62), le agregará los “campos de concentración” modernos y yo le sumaría “las migraciones”, a partir de los nacimientos en fuga, para coronar los pilares del derrumbe.

El neoliberalismo violenta las identidades culturales, los valores, principios que nos unen a los ciudadanos en un territorio, que es lo mimo que decir violentar los derechos de un pueblo en su autodeterminación.....se violentan todos tus derechos humanos...)

Si, por otro lado, creemos que los Estados nacionales aún son posibles de ser reformados, pues, en esta corriente se situarán aquellos autores que se preocuparán por cambiar aspectos sustantivos del sistema (planes de desarrollo nacionales, reestructuración de los poderes, estrategias para enfrentar la regionalización, modalidades de participación ciudadana, descentralización, etc). Incluso se pueden establecer entre ellos juegos y rivalidades que respetan ciertas normas, pero que prohíben romper las reglas más profundas del Estado nacional.

El liberalismo clásico, el socialismo real y el neoliberalismo contemporáneo, pese a sus diferencias, siempre han mantenido una característica muy moderna que los hermana y nos hace, por ello, definirlos como gemelos enemigos. Y es la pasión, primero; enfermedad, después; y cáncer por último, en torno a la economía como factor determinante de todos los fenómenos sociales. Una obsesión por los medios e instrumentos (plan y mercado, déficit y deuda, tipos de cambio, inflación, modelos matemáticos, presupuestos calculadoras, etc) que los hizo suponer que las soluciones de las sociedades modernas deben pasar primero por la elección de modelos económicos. Esta coincidencia de adversarios es lo que ha hecho creer a muchos que la “superestructura”, como gustaban definirla los marxistas o los “valores”, como preferían los liberales, era subalterna, inferior y rebelde a dejarse medir en peso, indicadores e impactos.

Le debemos hoy a la teoría del poder y de los imaginarios, la idea que no hay nada más valórico que la economía. (como es que esta en decadencia?, el modelo neoliberal cada vez mas se universaliza....) Todavía hoy gran parte de la intelectualidad occidental sigue creyendo que basta un buen modelo econométrico con variables simulables en ordenadores de alta velocidad para responder a las inequidades del sistema [1] En 1977, Gunnar Myrdal, que había recibido el Nóbel 3 años antes junto a Hayek (ideólogo del neoliberalismo), pidió que el premio Nóbel de Economía fuese abolido porque la economía es una ciencia muy maleable, cargada de valores sociales y políticos. Otros han añadido críticas porque con frecuencia se ha otorgado el premio a economistas especializados en modelos matemáticos, distorsionando lo que es más importante de esta ciencia social” (Patiño, 1998: 8)

Nicaragua ha sido escenario de tantos paradigmas de desarrollo (hacia fuera, hacia adentro, integracionista regional, socializante, neoliberal en sus variedades duras y blandas, y ahora regional abierto) que podemos decir con un orgullo triste y una vanidad melancólica, que hemos probado todos los platos, menos uno. ¿Cuál? Lo sabremos al final.

Las salidas económicas o integrales parten de un presupuesto que, para tener un racimo de escenarios, es necesario tener conciencia de la situación. Pero aquí hay dos cosas que no son las mismas. Primero: tener conciencia de una cosa no necesariamente significa resolverla. Hay la idea que la esencia de los problemas descansa en la concentración de soluciones y comúnmente se olvida que no hay nada más teórico que el concepto de “práctica” [2]. Dos: que en muchos casos las soluciones son el problema y el problema en sí mismo es despachado con ligereza o por la vía de la semejanza con otras situaciones de otros países o del mismo país pero en otro tiempo. El problema no se atiende, no se concentra nadie en él, nadie piensa en el problema mismo, antes de pensar en cualquier remedio. Las alternativas de superación son las que pasan a absorber la atención de los analistas, de los pronósticos, de los medios de comunicación y de los evaluadores y casi siempre son venidas de afuera y, en las pocas veces que vienen de dentro, lo hacen desde arriba.

Las principales escuelas económicas, de las cuales hemos ofrecido un cuadro sinóptico adjunto, se han expresado en nuestro país (en particular el liberalismo clásico, el estructuralismo y el neoliberalismo [3]) de un modo burdo y cruel, sin los refinamientos propios de sus cunas de origen y la apertura a las críticas entre sus adversarios metropolitanos. Incluso en este momento que vuelven a enfrentarse el neoestructuralismo envalentonado por las contradicciones del propio liberalismo triunfante, no se espera que la contienda se enriquezca, sino que se obedezcan las tendencias dominantes o que se desacaten por medio de una rebeldía cimarrona.

Hasta hoy en Nicaragua sólo tenemos como salida “coherente”, aunque no signifique que sea eficaz, una Estrategia Nacional de Desarrollo cuyos ejes son los aglomerados (clusters) que no son más que los viejos proyectos de ganancia de escala de las economías, esta vez, bajo el horizonte de las competencias “perfectas” y los mercados “absolutos”.

Propuestas como las de Orlando Núñez, por ejemplo, basadas en economías campesinas con énfasis en la autosuficiencia alimentaria y la eliminación de intermediarios, son modelos alternativos considerados con desprecio por parte de la economía formal y profesional y pocos reconocen la simpleza, funcionalidad y sostenibilidad de estos esquemas agrarios de pequeña y mediana escala.

Ahora el neoliberalismo va por su segundo aire, a través del nuevo giro en la filosofía del BM. Los economistas ortodoxos están en retirada ante los cientistas y filósofos sociales como Amartya Sen (Premio Nóbel de Economía 1998 y autor de los Indicadores de Desarrollo Humano que usa el PNUD), o ante críticos colegas suyos, como Joseph Stiglitz, teórico de los mercados imperfectos y la información asimétrica. Pero esta segunda ola, trabaja conceptos presociológicos como “pobreza”, “penurias” y declaraciones de compasión sobre el dolor de los explotados más parecidas a las novelas del siglo XIX de Charles Dickens y Víctor Hugo que a una institución bancaria fría y calculadora.

La pobreza duele -- nos dice uno de sus autores desde su “laptop” de tres mil dólares, y con el asombro de quien jamás la ha padecido --. Las personas pobres sufren dolor físico como consecuencia de comer poco y trabajar muchas horas; dolor emocional a raíz de las humillaciones diarias que ocasiona la dependencia y la falta de poder y dolor moral por verse forzadas a hacer elecciones (...). Nuestro análisis se basa en el examen de 81 informes de Evaluación de la Pobreza con la Participación de los Afectados (EPPA), fundados en discusiones mantenidas con más de 40.000 mujeres y hombres pobres. El Banco Mundial realizó estos estudios en los años noventa en 50 países de todo el mundo”.

(BM, 2003)

Joseph Stiglitz (2002), por su parte, esa mala conciencia del Banco Mundial que persigue a sus economistas como las Erinias griegas, le puede aclarar al llorón de la “laptop”: “Las políticas de ajuste estructural del FMI —diseñadas para ayudar a un país a ajustarse ante crisis y desequilibrios más permanentes— produjeron hambre y disturbios en muchos lugares, e incluso cuando los resultados no fueron tan deplorables y consiguieron a duras penas algo de crecimiento durante un tiempo, muchas veces los beneficios se repartieron desproporcionadamente a favor de los más pudientes, mientras que los más pobres en ocasiones se hundían aún más en la miseria. Pero lo que más me asombraba era que dichas políticas no fueran puestas en cuestión por los que mandaban en el FMI, por los que adoptaban las decisiones clave; con frecuencia lo hacían en los países en desarrollo, pero era tal su temor a perder la financiación del FMI, y con ella otras fuentes financieras, que las dudas eran articuladas con gran cautela —o no lo eran en absoluto— y en cualquier caso sólo en privado. Aunque nadie estaba satisfecho con el sufrimiento que acompañaba a los programas del FMI, dentro del Fondo simplemente se suponía que todo el dolor provocado era parte necesaria de algo que los países debían experimentar para llegar a ser una exitosa economía de mercado, y que las medidas lograrían de hecho mitigar el sufrimiento de los países a largo plazo”.

Viendo las dos caras de estas IFIS (Instituciones Financieras Internacionales) uno se pregunta si no se estarán repartiendo los papeles. ¿Habrá un momento en que el BM se aparecerá como el ángel guardián de los desmanes de su hermano gemelo, el FMI (controlado por el Departamento del Tesoro de EEUU)?

En unas declaraciones de Guillermo Perry, economista en jefe del BM para América Latina, a Carlos Fernando Chamorro, director de la revista televisiva “Esta Semana”, planteó los nuevos ejes del Banco Mundial de este modo: a) redistribuir la riqueza en el plano económico atacando la desigualdad. Nicaragua –dijo—sigue en la mitad más alta del grupo de mayor brecha desigualitaria en América Latina; b) reorientar los enfoques del BM a la educación, a la gratuidad de la enseñanza primaria y secundaria y a la privatización de la pública ( se contradice?); c) hacer ganar peso al Estado en sus facultades (aunque el neoliberalismo asesina a ese Estado...)para ser redistributivo, equitativo y eficaz como Chile y Costa Rica; d) Impulsar alianza con élites modernizantes y los pobres. (las élites modernizantes pertenecen a los grandes atrios de la nueva economía, los pobres no acceden por ejemplo a la tecnología, los países pobres con economías semindustriales, típicas de a mediados y finales del sXIX, en que condiciones establecerán a alianzas? Volvemos a la metrópoli y periferia? Solo que en un reino gobernado por la tecnología...donde no tenes que desplazarte para gobernar.?

Es irónico que los adversarios más acérrimos de los socialistas y del lenguaje igualitario, hablen ahora como ellos (como Fanon, Cesaire, Castro, Tito y Mao) y no le dejen a los ciudadanos del mundo poder distinguir a unos de otros, terminando por renunciar al lenguaje como criterio para discriminar al cierto del falsario. [4] Perry, como muchos más funcionarios medios de las IFIS, no son más que viejos intelectuales ex - izquierdistas que creen engañar a los banqueros y, lo peor, que en la idea de servirse de ellos obran contra sus antiguos representados. Es la bancarrota de los intelectuales que, vendidos a todas las causas, encuentran empleo para sus talentos, energías y complejos, en empresas tenidas tan sólo ayer como despreciables y opresoras.

Visto que el lenguaje ya no sirve como referencia para determinar quién es quién ¿Nos asesinaremos en silencio, a través de revoluciones mudas, donde nos degollaremos unos a otros a la orden de unas señales que sólo las tribus conocerán, como esos modos que aún tienen los sicilianos de comunicarse? ¿En las próximas matanzas, ya ni nos gritaremos, como los navajos se deshacían de los “caras pálidas” en las viejas películas de vaqueros? Nos moveremos en un mundo sordo con una única canción cubriendo toda la bóveda celeste (maestro, ya sabe: La Chica de Ipanema) circulando el ecuador y coronando los casquetes polares para celebrar los avances hacia la única opción que no han intentado las naciones postcoloniales: no hacer absolutamente nada, para atestiguar cómo se hunde y se disuelve a sí mismo el neoliberalismo, como producto de sus propias contradicciones, y lanzar la terrible carcajada que ellos mismos soltaban, cuando sepultaron a los marxistas como víctimas de ellas. ¿Entonces, como ellos, beberemos el néctar de los dioses en el cráneo de nuestros enemigos muertos?

BIBLIOGRAFÍA

Agamben, G. (1996) Traducido por Dante Bernardi. Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura. “Política del exilio”. Barcelona, Nº 26–27.

-- (1998) Traducido por Flavia Costa. Artefacto. Pensamientos sobre la técnica. "¿Qué es un campo? ”. Buenos Aires, Nº 2, marzo.

Banco Mundial (2002) En breve. No. 8. Septiembre.

Banco Mundial (2003) La voz de los pobres. Documento del BM que se puede encontrar en http://www.worldbank.org.

Patiño, R. (1998) Debate No. 46. “Amartya Sen, Premio Nóbel de Economía”. Ecuador.

Stiglitz, J. (2002). El malestar en la globalización. Taurus. Madrid.



[1] El BM (2002:3) nos informa que siguiendo estas simulaciones calcula que los Objetivos de Desarrollo del Milenio de 1990 al 2015 para América Latina, “probablemente ningún país alcanzará las metas relativas a los ODM... Al parecer es poco probable que los países de América Latina puedan reducir a la mitad la extrema pobreza para el año 2015”.

[2] Es tal la complejidad de este concepto que hubo una época que el marxismo casi se deshace antes de tiempo por el precipitado de sus propias corrientes en la que una de ellas quiso resolverlo, hundiéndolo más todavía, con un concepto que hoy nadie usa: “praxis”.

[3] Esquema basado en la privatización, restauración de las utilidades o beneficios a partir exclusivamente de los precios del mercado, la liberación total del comercio exterior, configuración de un esquema jurídico apropiado y la reducción del Estado a su mínima expresión.

[4] Tan confusos son estos tiempos que han alcanzado al concepto mismo de tiempo, con la existencia de “dos presentes”. Uno que, dentro del tiempo histórico, define y distribuye memorias y esperanzas, repartiendo con su poder, imaginarios cambiantes de pasados y futuros y “otro”, que vivimos, pero que no podemos reconocer porque precisamente necesitamos prescindir de todo tiempo (en particular del poder del otro “presente”) para diluirnos en él. Así que vivimos a caballo entre el “presente” como el verdadero poder del tiempo y el presente, sin comillas, que no podemos ver más que sin memoria y sin ilusiones.

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