domingo, 15 de noviembre de 2009

El Poder y sus sirvientas *

EL PODER Y SUS SIRVIENTAS

Por Freddy Quezada

Las relaciones más importantes de una red social son las del poder. En la modernidad se abrió un debate falso sobre si el núcleo de esas relaciones más importantes eran económicas (Marx) o lingüísticas (Mead). Le debemos a ese pleito entre la filosofía de la conciencia y del lenguaje, la opacidad del poder, o estar siempre demasiado claro para prestarle la atención debida. Ya lo sabemos: el mejor truco del diablo es hacernos creer que no existe.

La primera relación divisoria en una comunidad es la de gobernantes y gobernados; los que mandan y los que obedecen. Uno llega hasta donde el otro lo deja llegar. El otro, de igual manera, ejerce su poderío hasta donde uno lo permita. Podemos decir que uno tiene el verdugo que se merece y que a un amo sólo lo sostiene el credo o el miedo, según sea la calidad del poder, de los subalternos.

El poder es una relación elástica y creadora. En el mundo del poder no hay víctimas ni verdugos, sólo perdedores y ganadores, pero perdedores que buscan siempre la revancha y ganadores que están siempre alertas y defendiéndose, cuando no están acumulando más poder, respondiendo a las leyes del deseo. En el universo lúcido del poder y las resistencias, no hay solamente víctimas, como esas que nos cuentan los historiadores modernos sobre el medioevo, sino también sirvientes que siempre reían al escupir todos los días las comidas de los señores y verlos saborear sus exquisitas viandas. O esos asentimientos de los subalternos que se vuelven censuras, imitaciones y desprecio, apenas dan la vuelta los amos, jefes y líderes, como en esas capacitaciones de las ONG´s, donde preguntan si elevaron sus niveles de comprensión respondiendo todos que “fue maravilloso”, cuando de lo que hablan en realidad entre ellos es de la calidad del refrigerio y el modo de empacar el pollo para llevarlo a sus hambrientos familiares. Es el mundo del como si, del simulacro. Yo hago que estoy entusiasmado escribiendo esta paja y ustedes hacen como si estuvieran leyéndolas con interés. Es la resistencia y estrategias de lucha cotidianas de los vencidos.

El poder, al menos desde el punto de vista en Foucault, es cierto, tiene varias debilidades: la primera de ellas es que no se puede escapar de él y queramos o no, siempre estamos dentro. Si lo seguimos malo; si nos oponemos, malo también. Idea determinista que corre el peligro de darle al poder más importancia y peso del que merece y tiene. Pero además es un concepto sin tiempo, que cruza y atraviesa todas las épocas y sociedades. Quizás su virtud sea presentarse como un presente eterno que busca mantenernos la mirada en el instante duro y desencantado de las relaciones crudas del poder, como cuando se despoja de discursos en las cárceles, en los hospitales y en los cuarteles. Presente perpetuo del que además no hay necesidad de salir, porque ya no hay flecha ni sentido fuera de él.

El poder no sólo produce obediencias, sino también subjetividades, placeres e imaginarios, que consiguen obtener una fuerza, cuando es asumida por las personas, como si el efecto producido fuese una verdad dura y definitiva como un mineral.

Dos son las características más distinguidas del poder: la ambigüedad y la capacidad de crear resistencias, es decir su otro, que es él mismo.

Ambigüedad, porque el poder tiene la capacidad de generar desde él mismo, tanto diferencias como semejanzas (un día es el que nos vigila a todos desde el “panóptico” sin dejarse ver, pero al otro se deja admirar igualmente desde la televisión y el cine, frente a todos, en su contrario, el “sinóptico”). Las identidades en él son volátiles, provisorias, fugaces y transitorias. Cuando se sirve de ellas, nos hace creer que son eternas y fijas. El poder es eficaz o no es.

Resistencia, porque desde la ruptura de las series producidas por la socialización del aprendizaje y la constitución de los imaginarios colectivos, genera contrapoderes rivales (como los rebeldes, los revolucionarios, los anarquistas y las teorías alternativas anti-sistémicas)

Así que el poder no solo integra, sino que también desintegra a solicitud y conveniencia de sus intereses, cálculos y pasiones.

El poder tiene calidades que entre más altas sean, menos creemos deberle a él, los imaginarios que nos forma. Por ejemplo, los discursos sobre poblados de grandes conceptos y promesas cuando los hacemos nuestros, somos capaces de dar la vida por ellos, y, al contrario, también cuando los odiamos, creemos hacerlo desde una convicción que creemos muy personal. Cada época tuvo sus santos, héroes y genios que ponían de manifiesto estos grados de penetración de las obediencias, talvez a eso se deba que en las religiones casi no haya tantos santos y místicos como en sus orígenes o que nadie quiera dar la vida por un proyecto justiciero y solidario o que abunden en nuestros días las individualidades del star system, proyectadas exponencialmente por los medios de comunicación. En esta cadena, en la que las religiones nos enseñaron el paraíso, la política nos lo prometió en el futuro, le corresponde heredar a la publicidad su presentación a través de paquetitos perfectos discontinuos de felicidad absoluta en los video clips, anuncios comerciales, films y series televisivas. Hay algo en la publicidad que nos hace creer que todos somos diferentes, bellos y autónomos, con solo dejar entrar los imaginarios que hacen circular con gran creatividad y embrujo, hasta el grado de hacernos creer, parafraseando a Walt Whitman, que una hoja de hierba no es menos que el camino que recorren las estrellas, en especial si ese astro tiene a Texaco como guía; que un ratón es una maravilla capaz de asombrar a millones de incrédulos, sobre todo si va a la Pizza Hut; que un shampoo es una obra maestra digna de las más altas; que el Pepto Bismol para suspender las flatulencias, bien podría adornar los salones del cielo; que una hormiga es perfecta, y más todavía si toma Gatorade ; que la menor articulación de mi mano humilla a todas las máquinas, siempre que estas últimas no sean IBM y que mis dedos usen brillos y esmaltes Avon y que una vaca paciendo con la cabeza baja supera a todas las estatuas, sobre todo si la vaca promete salvar a PARMALAT. Una publicidad que usa el arte que encierra y la ciencia que emplea para formarnos un mundo limpio, seguro, delgado, bello y seductor.

A propósito de esto último, hay varios autores profundamente radicales y lúcidos, que han desenmascarado también a todas las disciplinas más importantes de la vida social sobre su complicidad con el poder. Al comprender sus puntos de vista, he llegado a la conclusión que la ciencia --como la critica la filosofía--, no piensa, calcula; no explica, define. Y que los sabios científicos le respondan --a su vez-- que la filosofía, no piensa, especula; no explica, confunde. Que la religión es una huida hacia arriba, mientras el arte lo hace hacia dentro y la cultura moderna hacia delante. Cuando estas señoras se pelean entre sí, es sólo cuando sabemos que todas estas bocateras y cobardes, son esclavas y meretrices del poder.

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