domingo, 15 de noviembre de 2009

Los Cuatro Jinetes de los Siglos venideros

LOS CUATRO JINETES DE LOS SIGLOS POR VENIR

Por Freddy Quezada

Al Maestro Roland Membreño, quien me presentó dos de estos autores en el momento que yo le presentaba a los otros dos.

Hay una célebre cita de Walter Benjamin, muy usada por algunos autores, donde, para describir el progreso en la modernidad, se alude a un ángel exterminador que es expulsado con violencia desde el paraíso, ocasionando destrucción y muerte por donde pasa, mientras se acerca, de espaldas, al futuro. Es una expresión bella de Benjamin, basada en un cuadro de Paul Klee, para ilustrar una de sus tesis sobre la filosofía de la historia. Usa un ángel donde hoy yo miro cuatro; narra un terror, donde hoy se mira placer; percibe un futuro en contra del cual, esta vez, se cabalga de frente para destruirlo; describe unos escombros sobre los cuales se puede descubrir la novedad entre las fumarolas; presenta unas ruinas humeantes que nos fascinan por su vacío creador; y nos señala un desierto que hoy nos procura lucidez desde unos fragmentos que nos reúnen en un solo sitio.

Cuatro jinetes que no podrán ser comprendido si se les mira con los prejuicios lineales y aburridos de la modernidad, el desarrollo y los cambios, como progreso. Cuatro jinetes que parten, en medio de los estallidos y detonaciones que los anuncian, hacia la destrucción, el amor, la muerte y la creación, sin pararse a distinguir entre ellas, como la hierba vencida por la violencia del paso. Cuatro jinetes (Emil Cioran, Paul Feyerabend, Jiddu Krishnamurti y Ludwig Wittgenstein) que dejan oír el horror de sus pisadas y el estruendo de su galope envueltos en una nube de destrucción con la alegría de los niños que desbaratan sus castillos en la arena; cuatro jinetes que alzan sus armas (el escepticismo, el nihilismo, la paradoja y la holística) por encima del marrón de sus capuchas, balanceadas suavemente por el viento, para dejar entrever los huesos de sus rostros.

  1. En el siglo XVIII dominó la filosofía política con la ilustración francesa (Rosseau, Voltaire, Montesquieu), inglesa (Hume, Hobbes, Locke) y, para finales de ese siglo y comienzos del siguiente, alemana (Kant, Hegel); el XIX, lo influenciaron la filosofía de la historia y la ciencia con Darwin y Marx; en el XX, la ciencia, la política y la economía con Einstein, Lenin, Keynes y Friedman. Alguien decía que, para cada época, hay solamente tres o cuatro grandes interlocutores. Para el siglo XXI, y probablemente algunos más, serán cuatro jinetes que, si gustan hacerlo, pueden llamarlos, con los viejos prejuicios, como "apocalípticos".
  2. Estos cuatro hombres han sido precursores de grandes corrientes que se iniciaron en los últimos años del siglo XX y anuncian su dominio para todo el siglo XXI. Aún faltan por desarrollarse, incluso, algunas vertientes. De Ludwig Wittgenstein, se deriva toda la filosofía del lenguaje, a su vez, madre de los postmodernismos y el pragmatismo (en polémica en estos momentos con el postcolonialismo y el postoccidentalismo), anunciando una verdadera batalla global; de Paul Feyerabend, en gran medida, se derivan todas las teorías del caos y de la complejidad; de Emil Cioran, toda la popularidad de los estudios culturales, cruzados con la comunicación, no son más que la aplicación de los métodos antropológicos a occidente para derrumbar sus certezas e ilusiones más profundas sobre sí mismo. Es de Krishnamurti, sin embargo, de quien menos tenemos impacto (a pesar de haber influenciado a algunos científicos como Fitoj Capra, David Bhom, Karl Pribram y Ken Wilber) pero su poder y penetración aguarda una verdadera ola que nos obligue a vernos a nosotros y a los demás de otro modo.
  3. Todos creen en la destrucción como fuente de novedad y cambio pero que no los vinculan a un progreso. La modernidad es la que estableció una flecha histórica dotando de sentido a los cambios que en los griegos, por ejemplo (Aristóteles habla de un cambio pero dentro de un imaginario circular) o el hinduismo, no tenían y no tienen. El cambio occidental para Krishnamurti, no es más que la repetición de lo mismo que "reconoce" lo ya conocido; en Feyerabend, a veces, el cambio es el regreso a restos viejos de teorías olvidadas o derrotadas; mientras en Wittgenstein es el salto en cualquier dirección de un conjunto de reglas a otras, según el "aire de familia" de las proposiciones; por último, Cioran observa en el cambio con sentido histórico, la perdición de nuestra cultura.
  4. Todos combaten el dualismo y creen en el pensamiento como la ruina de él mismo. Feyerabend hizo estallar el dualismo en mil pedazos con la multiplicidad epistemológica; Cioran lo disolvió con una especie de antropología de todos los signos que, al aplicársela a sí misma, demostró la necedad de salir a buscar algo que ya teníamos: la miseria de los "otros/as" y, sin embargo, la necesidad inútil de esa búsqueda para encontrar lo ya tenido; Wittgenstein logró establecer la siguiente fórmula: el pensamiento es lenguaje que, a su vez, es lógico y, por tanto, dual, sin poder conocerse las cosas más allá de ello; Krishnamurti, por último, que plantea la "búsqueda/no búsqueda" de "eso" por medio de la abolición de los dualismos de todo tipo, encontrando lo innombrable sin opuestos.
  5. Todos son tributarios del escepticismo, el nihilismo, el anarquismo y el misticismo.
  6. Todos combaten a la cultura occidental en sus aspectos más profundos que son el pensamiento, la ciencia y el lenguaje.
  7. El todo (la pluralidad radical de Feyerabend y los juegos del lenguaje de Wittgenstein) y el uno (lo incondicionado de Krishnamurti y el desierto en Cioran) son indistinguibles para llegar a ser lo que se es: nada.
  8. Principales ideas: Cioran: "Que la cultura occidental no es más que una inmensa ilusión sobre un sentido igual de ilusorio. El sentido de la vida es la vida misma". Feyerabend "Que no hay ni ha habido nunca un método único en las ciencias; todos valen. No hay orden, no hay reglas, no hay métodos". Krishnamurti "Que la memoria, el pasado y el tiempo en general nos impiden ver las cosas como son; no hay observador ni observado. Las cosas no tienen oposición. Son amor, muerte y creación indivisibles". Wittgenstein "Que el lenguaje es el límite del pensamiento y que la lógica dual es el límite de aquel. La filosofía muestra no demuestra. Lo que no puede ser dicho claramente es mejor callarlo". En lo personal veo a estos cuatro hombres como aquel ejemplo que, para demostrar la unidad de la realidad, empleó un físico teórico, discípulo, por cierto, de uno de ellos. Se trata de un pez que es visto desde cuatro monitores donde el observador mira en cada uno de ellos un movimiento diferente y hasta opuesto: en el monitor 1 se ve a un pececillo que se aleja; en el 2 a "otro" que se acerca; en el 3 a "uno más" que toma por la izquierda y en el 4, a "otro más" que nada hacia la derecha. Todos son el mismo.
  9. Todos son enemigos de los fundamentos, últimos o primeros; del futuro, de la Verdad y de la Razón.
  10. Todos son tributarios de Buda, Hume, Nietzsche y los místicos.
  11. Las mujeres, de seguro, también harán uso de estos hombres para continuar con su reingeniería de género como ya lo hicieron con Foucault (la construcción de la otra/o a través del poder), con Sartre (la libertad como elección) y de Marx (la emancipación).
  12. Los cuatro vivieron interrumpiéndose a sí mismos. Wittgenstein interrumpió su filosofía primera (analítica y lógica) por una del lenguaje (de usos y gramáticas); Feyerabend, pensó la salud de la epistemología como la interrupción intermitente de métodos; Krishnamurti, decía que la interrupción diaria de uno mismo ("morir para todo lo de ayer") es la fuente de la novedad y la frescura y, Cioran, dijo que la más grande de todas las libertades --matarse-- es precisamente, por la cultura, por el sentido, la que nos impide hacerlo. Por eso el suicida, cuando ya nada tiene sentido, equivoca los signos de la mayor lucidez con la muerte y, al interrumpirse, el infeliz, no reconoce la gratuidad y vacuidad de todo. Se despide precisamente de lo que, de otra manera, correría a abrazar.
  13. Feyerabend estudió a Wittgenstein. Cioran y Krishnamurti son tributarios de Buda y los hinduistas. Hay cosas en unos que los otros las dicen a su modo. Por ejemplo, Cioran a veces es un Krishnamurti amargado; Feyerabend a veces pareciera un plagiador de Wittgenstein que, donde aquel veía oportunismos epistemológicos, sanos y aconsejables, este miraba juegos de lenguajes. O, el mismo Wittgenstein, como un teórico del silencio que leyó a Buda del mismo modo que lo interpretó Krisnamurti. O Cioran que acusa a la cultura occidental con la misma fuerza y pasión con que lo hizo Feyerabend. O, por último, el propio Krishamurti que pareciera ser todos ellos y ninguno.
  14. Todos practicaron un profundo sentido de la renuncia fundando, sin saberlo, una nueva ética con su actitud personal, mucho más importante que las "chifladuras", "absurdidades", "insolencias" y "enmarañamientos" que dijeron o pensaron, anunciando un nuevo modo de leer los discursos inseparables de la biografía personal de los autores. Feyerabend, siendo uno de ellos, desenmascaró los "secretos" de los expertos y los científicos y mantenía una sinceridad en los foros que asustaba a muchos incrédulos e ingenuos e indignaba a los consagrados; Cioran renunció a premios, honores y cargos públicos en Universidades y vivió en una pobreza elegida; Wittgenstein, pese a recibir una herencia cuantiosa, se retiró a impartir clases a una escuela primaria de una provincia remota de Austria y luego se internó en un monasterio y, por último, Krishnamurti, escandalizó a una de las sociedades teosóficas más fuertes de la India e Inglaterra renunciando el día de su consagración, frente a todos los fieles, expresando que no hay maestros, ni guías, ni gurúes y que, sobre todo, no creyeran en nadie, ni en sí mismos ni, mucho menos, en él.
  15. Estos hombres estuvieron unidos, entre sí, por no creer en ideas fijas, métodos, guías, autoridades, esquemas, sistemas y maestros. Ni siquiera hay que confiar en uno mismo, decía uno de ellos, porque ya somos el vehículo del Todo (que es la cultura que repetimos) y que nos define como "diferentes" enmascarada con la "igualdad", cuando una produce a la otra desde el poder de definir. Dentro de la ética de estos cuatro jinetes (mientras menos se desea, más se es) podría, para cerrar esta semblanza, elegir una cita irónica de cualquiera de los cuatro; muchas, incluso, intercambiables, pudiendo atribuirlas a uno siendo, en verdad, de los otros. Lo haré, pero no diré, al final, quién de ellos es el autor. Qué importa si, al fin y al cabo, a ellos les hubiera valido un pepino que lo hiciéramos.

"Si cada uno de nosotros confesara su deseo más secreto, el que inspira todos sus proyectos y todos su actos, diría: ´ Quiero que me alaben ´ ".

Muchas Gracias. 9 de Septiembre del año 2000.

BIBLIOGRAFIA

Cioran, Emil (1992) Del Inconveniente de haber nacido. Taurus. Barcelona.

-- (1995) El Ocaso del Pensamiento. Tusquets. Madrid.

-- (1993) Adiós a la Filosofía. Alianza Editorial. Madrid.

Feyerabend, Paul (1984) Contra el Método. Ariel. Barcelona.

-- (1990) La ciencia en una sociedad libre. S. XXI. México.

-- (1992) Adiós a la Razón. Tecnos. Barcelona.

Krishnamurti, Jiddu (1992) Usted es el mundo. Arbol. México.

-- (1994) Más allá del Tiempo. Kairós. Barcelona.

-- (1992) Sobre la mente y el pensamiento. Kairós. Barcelona.

Wittgenstein, Ludwig (1985) Tractatus Lógico-Philosophicus. Alianza Editorial. Madrid.

-- (1988) Investigaciones filosóficas. Edit. Crítica. Barcelona.

-- (1990) Sobre la Certeza. Gedisa. Barcelona.

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