sábado, 14 de noviembre de 2009

Tipos de intelectuales en Nicaragua

TIPOS DE INTELECTUALES EN NICARAGUA

Por Freddy Quezada

Un día que paseaba en los alrededores de la Asamblea Nacional meditando sobre la insoportabilidad de la virtud pública, del delicioso papel de la traición para reequilibrar la personalidad del político y del engaño como técnica para devolver la salud mental al poderoso, me pregunté sobre los tipos de intelectuales que en Nicaragua se atreverían a decir cosas semejantes. Terminé por crear una tipología a fuerza de leerlos en los periódicos, oirlos en noticieros y verlos en programas nacionales de televisión.

TIPO A (LOS ABURRIDOS/AS): son los que cargan su discurso de lugares comunes. Sus palabras favoritas son democracia, paz, desarrollo, justicia, futuro, esperanza, progreso, reconciliación y género. Hilvanan su mensaje de una forma aburrida, totalmente previsible y repetitiva. Los que se sienten mejor pagados/as de sí mismos/as ilustran sus sandeces con cifras refritadas de organismos internacionales, casi siempre a disposición del público, para conmover, indignar y asustar a la gente. Algunos creen hacerse los simpáticos explorando nuevos temas con el mismo estilo. Gozan de algunos espacios en periódicos, radios y televisión, en el primero de los cuales se sienten felices cuando aparece su fotografía y sus artículos figuran a la par, por encima o debajo de alguna pluma de renombre mundial o nacional. En las radios, brindan chillidos estridentes y torpes. Para la televisión son los que mejor posan y visten. Usan refranes vulgares y sin imaginación. Son los típicos necios que preguntan a cada instante si leyeron sus trabajos, oyeron sus comentarios o los vieron en pantalla. Saludan a los del tipo B para llamar su atención y celebrar con servilismo sus obras.

TIPO B (LOS ILUSTRADOS/AS): parecidos a los anteriores pero con más nombre, reputación y títulos. Tienden a decir las mismas cosas que los primeros, pero son más imaginativos en el uso de citas y ofrecen de vez en cuando una buena idea a base de un esfuerzo sobrehumano, sospechable de ser obtenido de otras fuentes, la esposa, un amigo lejano, un enemigo pequeño, un desconocido inteligente, un autor poco renombrado, un simposio en el extranjero o, en efecto, un rapto de inspiración. Sienten que la sociedad tiene la obligación de conocer el nombre de sus sirvientas, los países que visitan, la edad que tienen y hasta las obras que adulan los del tipo A. En los medios religiosos y deportivos se les conoce por deshacerse en elogios de algún héroe o autor en particular, fuente de su prestigio y privilegios.

Contestan el saludo de los tipo A, de vez en cuando, para que les sea devuelto el cumplido multiplicadamente. Los del tipo E suelen burlarse de estas complicidades pervertidas llamándolas “assinus assinum fricat”.

TIPO C (LOS/LAS INOCENTES): casi siempre desarrollan sus ideas en revistas muy especializadas y alguna vez se les ha perseguido y hasta encarcelado por tomarse en serio los conceptos que trivializan los Tipo A y que, en su tiempo, traducían en su versión marxista. Son ingenieros de racionalidades muy profundas y se atormentan por sus más fecundas contradicciones, hasta el grado de reclamar nuevas éticas. No escriben para los periódicos, ni figuran en la radio y la TV. Uno se los encuentra en los supermercados y son conmovedoras sus esperanzas y su fe en los cambios. Creen que la utopía todavía está en el futuro y no, como muchos creemos, que ya pertenece al pasado.

TIPO D (LOS ARTISTAS/OS): truenan cuando descargan sus demonios ante sí mismos, pero cuando escriben para el gran público se confunden con el tipo B y se vuelven tiranos/as, por obra de sus virtudes, cuando recomiendan cómo deben ser las cosas., a qué normas atenernos y ante quién arrodillarnos. Si uno de ellos hubiese escrito esta tipología, sólo para divertirse, sería un artículo de antología porque hubiese sido más rico y ocurrente.

TIPO E (LOS POLEMICOS/AS): se hacen fácilmente odiar por todos los bandos. En secreto, la mayoría de los otros intelectuales corren a leerlos con envidia y no pierden la oportunidad de denigrarlos en los foros, recepciones, pasillos, tertulias y eventos. Los polémicos escriben a contracorriente de la opinión pública que alimentan los tipos A y B. Usualmente no tienen poder y son temidos, de tal manera que se ganan lisonjas hipócritas de frente e intrigas eficaces apenas se despiden. Tienen dos variedades duras: los cínicos del tipo “vengo a estafarlos”, celebrado con risas por las ONG’S que se dejan gustosamente engañar para integrar una verdad que no desean oir porque la practican y los nihilistas, que salvan sus críticas radicales situándose junto a los demás, del tipo “todos son un atado de imbéciles, incluyéndome”.

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